Elecciones en Egipto: El pueblo se empeña en rebelarse

EEUU no lo tiene todo "atado y bien atado"

El candidato más antinorteamericano ha triunfado en las elecciones, a pesar de todas las dificultades puestas a su paso. Ha sido un mensaje rotundo del pueblo egipcio a Washington. No van a resignarse ni doblegarse.

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30-05-2012
Probablemente, una de las noticias mas gratas que ha dejado la primavera árabe se ha producido estos dí­as, cuando en las elecciones egipcias el candidato nasserista "representante de una izquierda nacional y patriótica- ha estado a punto de desplazar de la segunda vuelta de las presidenciales al candidato del régimen.
El fulgurante ascenso de Hamdin Sabahi es la negativa del pueblo egipcio a encadenarse al "bipartidismo de Washington", eligiendo entre los islamistas y los restos de la dictadura de Mubarak.
Probablemente, una de las noticias mas gratas que ha dejado la primavera árabe se ha producido estos dí­as, cuando en las elecciones egipcias el candidato nasserista "representante de una izquierda nacional y patriótica- ha estado a punto de desplazar de la segunda vuelta de las presidenciales al candidato del régimen.

Hamdin Sabahi, viejo opositor de la política egipcia, fundador del Partido Democrático Nasserista y creador junto a otros intelectuales del grupo opositor «Kefaya» (¡Basta ya!), el auténtico germen de la revolución de 2011, ha quedado en tercer lugar, con el 20% de los votos y a sólo 4 puntos de colarse en la segunda vuelta y disputar la presidencia de Egipto al candidato de los Hermanos Musulmanes.  "Sahabi ha levantado la bandera de la continuación de los ideales socialistas y patrióticos de Nasser"

Sahabi es un viejo luchador popular, el menor de los 11 hermanos de una familia campesina, y un histórico azote de los dictadores Anuar el Sadat y Hosni Mubarak. Arropado por más de 500 figuras ligadas a la revolución su campaña centrada en a idea de es "uno de los nuestros", ha prendido con fuerza entre los trabajadores y las capas más humildes de la sociedad egipcia. Encarcelado en 1997 por Mubarak acusado de incitar las protestas de los agricultores contra una ley favorable a los terratenientes y otra vez en 2003 por su oposición a la invasión estadounidense de Irak, Sabahi ha mantenido durante la campaña su implacable discurso contra la Junta Militar que administra la transición desde la renuncia de Mubarak, declarando con insistencia que la cúpula castrense debe rendir cuentas por las detenciones ilegales, secuestros, torturas, asesinatos y toda clase de violaciones de los derechos humanos cometidas durante su mandato.


A medida que avanzaba la campaña electoral, Sabahi se ha convertido en el candidato de los izquierdistas, los laicos y los jóvenes no islamistas que fueron el baluarte de la revolución de la plaza Tarhir. En la emblemática Alejandría, la segunda ciudad del país, Sabahi se convirtió en el candidato más votado, empujado por los votos de los jóvenes revolucionarios y de las capas más humildes de la sociedad.


Sahabi ha levantado la bandera de la continuación de los ideales socialistas y patrióticos de Gamal Abder Nasser, verdadero padre del Egipto moderno, héroe de la independencia nacional y pesadilla en los años 50 y 60 –junto a Tito, Nehru y Mao Tsé Tung– de las dos superpotencias con su panarabismo y su política de no alineamiento.


Hace solo dos días, además, el coordinador de campaña de Sabahi anunciaba la presentación de un recurso ante la Comisión Electoral Suprema Presidencial para suspender la segunda vuelta, prevista para los próximos 16 y 17 de junio, debido a las múltiples irregularidades e infracciones detectadas en los dos días de votación. La primera de ellas, sin duda, la aceptación de la candidatura del general retirado Ahmed Shafiq, último primer ministro de Mubarak, cuando la llamada Ley de Aislamiento Político prohíbe a los ex altos cargos del régimen del dictador presentarse a las elecciones presidenciales.


El fulgurante ascenso de su partido,  Karama (Dignidad) se ha convertido en estas elecciones en la expresión política de los sectores sociales que quieren buscar una alternativa propia frente al podrido “bipartidismo” que el hegemonismo ofrece, obligando a elegir entre los islamistas y los representantes directos del ejército y del viejo régimen.

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