SELECCIÓN DE PRENSA NACIONAL

Rato irrumpe en los dí­as más difí­ciles de Rajoy

El Mundo

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02-06-2012
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HAN SIDO los cinco días más complicados de Mariano Rajoy en La Moncloa. Se iniciaron el pasado lunes con el sonoro rechazo de los mercados al plan de saneamiento de Bankia, que hundieron la cotización del valor -llegó a caer un 30%- y dispararon la prima de riesgo más allá de los 500 puntos básicos por primera vez en la historia. Desde entonces, la Bolsa ha perdido un 7% y se halla en niveles que no se veían desde 2003 y el riesgo-país ha seguido escalando hasta cerrar ayer en 536 puntos básicos.

Son las jornadas que nadie quería que llegaran y que han culminado con la abrupta irrupción en escena del ex presidente defenestrado de Bankia, Rodrigo Rato, para abrir un nuevo frente al Gobierno de Rajoy, muy peligroso porque llega desde sus propias filas. Ayer conocimos una carta que Rato, todavía presidente de Caja Madrid -ya sin negocio bancario-, dirigió a los consejeros de esa entidad en la que criticaba con dureza la recapitalización de Bankia, porque «va a dejar al grupo en una magnífica situación financiera, pero desgraciadamente a costa de fondos públicos y causando un grave perjuicio a los actuales accionistas».

En su misiva, Rato se sorprende de que el plan no haya sido aprobado por el consejo y de que se haya permitido que el equipo de Goirigolzarri compute como pérdidas reales las que sólo son contables a la hora de establecer las provisiones. Y, sobre todo, critica que pueda «provocar unas consecuencias negativas para el resto del sector financiero, que va a tener unos porcentajes de cobertura muy inferiores». Una afirmación que seguro que es muy bien recibida por Emilio Botín, Francisco González, Isidro Fainé y demás presidentes bancarios. Es lo que pide la consejera delegada de Bankinter, Dolores Dancausa, en una entrevista que publicamos hoy: «¡Estado, yo también quiero 24.000 millones o lo que me corresponda!».

Se puede entender en un primer momento este movimiento de Rato como un intento de recuperar su dignidad profesional. Se estaba echando sobre su persona toda la responsabilidad del descalabro de Bankia y había permanecido en silencio. Es cierto que ha cometido errores de bulto en el año y medio que ha presidido Bankia, como no aceptar en su momento una fusión con La Caixa, o su equivocación al no despolitizar los consejos y al pilotar una salida a Bolsa realizada con calzador, sólo porque el Gobierno socialista quería dar la impresión de que su reforma funcionaba. Pero también es verdad que a Rato le tocó lidiar con la herencia envenenada de una Caja Madrid muy tocada por las fallidas inversiones inmobiliarias y fue obligado a aceptar por motivos políticos una integración con la también deteriorada Bancaja.

Pero el momento elegido indica que la aparición de Rato tiene un profundo significado político. Se alinea con la tesis de Draghi, que el jueves acusó al Gobierno de «actuar de la peor forma posible» en Bankia, y su ataque se dirige directamente contra su antiguo subordinado, el ministro de Economía, Luis de Guindos. Éste se comprometió la semana pasada a dar a Goirigolzarri todo el dinero que pidiera y, 25 días después de que Rato fuera apartado de la gestión, todavía no ha podido concretar cómo se pagará la recapitalización. Pero en el fondo es a Rajoy a quien se le abre un frente en su propio partido. Bankia se enmaraña. Y la única forma de desenredar la madeja es la comisión de investigación a la que se niega el PP. Ayer vimos que la luz y los taquígrafos son más necesarios que nunca porque la ausencia de un cauce de debate y las puñaladas en la sombra pueden conseguir desestabilizar al Gobierno aún más que los mercados.