Desarbolada la resistencia de Rajoy

Ante el patrón, incluso la banca tiene lí­mites

Se ha demostrado que los lí­mites de la oligarquí­a españolapara enfrentarse, o cuanto menos resistir, ante las presiones del hegemonismo norteamericano son muy limitadas. Se ha puesto de manifiesto que no es la oligarquí­a sino el imperialismo quien lleva la batuta.

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12-06-2012
En las últimas semanas, desde la caí­da de Bankia, Rajoy y la clase dominante española han tratado de establecer toda una serie de lí­neas de resistencia ante el brutal asalto hegemonista al sistema financiero. La batalla ha sido en ocasiones feroz, pero finalmente han aparecido los lí­mites de la oligarquí­a y su clase polí­tica, doblegándose en el momento decisivo.
Confiar en que la clase dominantes española encabece la batalla contra los ataques y agresiones del hegemonismo es pura ilusión. Tenemos que ser el pueblo quienes lo hagamos.
En las últimas semanas, desde la caí­da de Bankia, Rajoy y la clase dominante española han tratado de establecer toda una serie de lí­neas de resistencia ante el brutal asalto hegemonista al sistema financiero. La batalla ha sido en ocasiones feroz, pero finalmente han aparecido los lí­mites de la oligarquí­a y su clase polí­tica, doblegándose en el momento decisivo.

La imagen de la vicepresidenta o del ministro de Industria, sólo unas horas antes de la intervención, afirmando taxativamente que el gobierno español ni había pedido ni pediría ayuda a los fondos europeos, es tan patética como políticamente devastadora. La afirmación de Rajoy de que no ha recibido presiones, sino que el que ha presionado para imponer la intervención sólo pueden ser comparadas, benévolamente, con la incoherencia propia de un boxeador noqueado tras recibir un demoledor golpe del rival. "El hegemonismo ha conseguido intervenir España, pero en esa batalla se ha dejado unos cuantos jirones"


La respuesta del hegemonismo a las líneas de resistencia levantadas por el gobierno de Rajoy y la oligarquía ha sido brutal. Una tras otra, todas ellas han sido derribadas. Hasta llegar a la reunión del Eurogrupo en la que el gobierno quedó totalmente desarbolado, viéndose obligado a aceptar la intervención, teniendo que conformarse con negociar que ésta fuera lo menos traumática y dolorosa posible.


Se ha demostrado que los límites de la oligarquía para enfrentarse, o cuanto menos resistir, ante las presiones del hegemonismo son limitadas, muy limitadas. En sus relaciones de alianza y dependencia se ha vuelto a poner de manifiesto con toda claridad que no es la oligarquía sino el  imperialismo quien lleva la batuta, quien dispone del bastón de mando.


Confiar en que la clase dominantes española encabece la batalla contra los ataques y agresiones del hegemonismo es pura ilusión. Tenemos que ser el pueblo quienes lo hagamos.


Lo que no quita para extraer valiosas lecciones de lo ocurrido. En su agresivo proyecto, el hegemonismo no sólo está dispuesto a arremeter contra los intereses del 90% de la población, sino que dirige también sus ataques contra intereses sensibles de la propia clase dominante. Y esto no puede sino abrir nuevas grietas y mayores fisuras en su aparato de dominio sobre el país. Que sectores del gobierno y la dirección del PP se hayan atrevido a cuestionar y enfrentarse a los designios de Washington y Berlín, aunque sea de forma limitada, vacilante, condicional o coyuntural es, políticamente, de un extraordinario valor.


Y obliga a las fuerzas del pueblo a estar muy atentos para explotar estas contradicciones en el bloque de fuerzas prohegemonistas que hasta ahora parecía unido y sin fisuras. Aislar al máximo al enemigo principal y unir todo lo que pueda ser unido contra él en cada momento, en cada coyuntura, es clave para ganar la batalla.
El hegemonismo ha conseguido su objetivo de someter a un primer grado de intervención a España, pero en esta batalla se ha dejado unos cuantos jirones.