SELECCIÓN DE PRENSA NACIONAL

Dedos cruzados

El Mundo

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15-06-2012
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Pedir y mostrar tranquilidad en momentos críticos es obligación de todo gobierno responsable. Y eso fue lo que hizo ayer el ministro de Economía, Luis de Guindos. Pero es justamente esa petición de serenidad la que nos confirma que España, y tras ella Europa, vive en estas horas una situación límite.

Que nuestro país no puede aguantar mucho tiempo pagando estos intereses brutales por el dinero que necesita para cubrir sus necesidades de gasto, es algo que todo el mundo entiende. Y que eso puede llevarnos más pronto que tarde a declararnos en suspensión de pagos, también.

Pero la cuestión no está en preguntarnos hacia dónde nos dirigimos, que ya sabemos que puede ser hacia el desastre, sino si hay tiempo para que el Banco Central Europeo, la única instancia capaz de evitar esta deriva, actúe de inmediato y vuelva a comprar deuda a mansalva, como hizo desde agosto hasta enero para impedir nuestro hundimiento. ¿Por qué acudió en socorro de España cuando no estaban haciéndose los ajustes que Bruselas reclamaba y, ahora que se hacen, nos está dejando caer?

A los mercados no se les puede pedir que respondan premiando nuestros esfuerzos pero a las instituciones comunitarias sí, que para eso nos los han exigido.

¿A qué espera entonces el BCE para acudir en socorro de un país que ha controlado su gasto público aunque aún sea insuficiente, que ha aprobado las primeras reformas de gran calado y que tiene en cartera muchas más; de un país que nunca tuvo las grietas que tuvieron en su día Portugal o Grecia?

Porque el BCE podría actuar mañana mismo y España empezaría a recuperar el aliento. Espera, dicen, a que Alemania dé el visto bueno a una operación así. Y quizá Alemania esté esperando a que esta España ahogada acuda, por fin, a inmolarse en el altar de los sacrificios humanos con una ofrenda definitiva de reforma y sangre cuyo contenido nadie conoce hoy. Y, si lo conoce, se lo calla.

Si Alemania llega a sentir que el peligro se acerca a su puerta, puede que abra la mano y empuje al BCE a actuar. Pero pudiera ser también que su reacción llegara tarde y que en unos días España se viera en la injusta tesitura de tener que solicitar un rescate sin adjetivos. Porque ya lo dicen los conocedores: si ganan en Grecia los radicales de Syriza y la UE opta por pedir su salida de la Eurozona, el dogal de la prima de riesgo se cerrará sobre nuestro cuello y nos asfixiará.

No es posible en estas circunstancias optar por la tranquilidad. Esto se nos escapa de las manos. Lo más que podemos hacer es aparentar un temple que no tenemos, contener el aliento, cruzar los dedos y/o rezar.