SELECCIÓN DE PRENSA NACIONAL

Hacia el rescate suave

El Paí­s

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03-08-2012
http://elpais.com/elpais/2012/08/02/opinion/1343933943_065247.html http://elpais.com/elpais/2012/08/02/opinion/1343933943_065247.html

Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo (BCE), dejó claro ayer que la entidad no comprará deuda ni aplicará “otras medidas no convencionales” si los países en apuros de solvencia no lo solicitan previamente al Fondo de Rescate Europeo; es decir, si no aceptan una condicionalidad macroeconómica de mayor o menor intensidad como contrapartida a la intervención del BCE. No es extraño que las palabras de Draghi provocaran una convulsión en los mercados (el Ibex cayó el 5,14% y la prima de riesgo española volvió a rondar los 600 puntos) porque de ellas se desprende que, en el futuro, queda cancelada la compra de deuda si no media petición de rescate. En este caso, no se trata de un rescate como el de Grecia, Portugal o Irlanda, sino de la imposición y aplicación de condiciones macroeconómicas estrictas que, en función de lo que se negocie con cada país, podrían implicar la pérdida de autonomía de la política económica nacional (...)

Después del rescate bancario, el Gobierno repitió con insistencia que la economía española no iba a necesitar un segundo rescate. Pues bien, las condiciones de refinanciación de la deuda española hacen presumir que el Gobierno tendrá que solicitar la intervención del BCE y que romperá una vez más sus enfáticas promesas. La subasta de deuda de ayer consiguió colocar títulos a 10 años al 6,7% y bonos a cuatro años al 6,05%. Una economía en recesión no puede soportar durante mucho tiempo costes financieros del 6%. De hecho, los mercados suponen que España hará uso del camino trazado ayer por Draghi, puesto que la curva de la deuda a dos años, sobre la que actuará el BCE en caso de intervención, se estaba relajando ayer, mientras que los títulos a 10 años exigían una rentabilidad mucho más alta.

El euro no se va a romper, prometió con énfasis Draghi. Las vías de intervención anunciadas ayer parecen garantizarlo. Pero es difícil evitar la percepción de que la moneda única se mantendrá a costa de más ajustes draconianos en España e Italia, cuyas consecuencias sociales son imprevisibles.