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El BCE apuesta por una 'caí­da acusada' de salarios en España

El Mundo

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10-08-2012
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El Banco Central Europeo (BCE) lleva años aconsejando una flexibilización del mercado laboral español y una rebaja generalizada de los salarios en nuestro país. Pero en el informe mensual publicado ayer realizó un anuncio en toda regla, dando por hecho y notificando que está a punto de producirse «una acusada caída de la remuneración por asalariado» en España, al tiempo que pide nuevas rebajas de las condiciones de trabajo y despido. El vaticinio no es fruto de complejos algoritmos macroeconómicos, sino más bien de una deducción de sentido común. Dice el informe que la reducción de los salarios españoles en su conjunto se producirá «como consecuencia de nuevos recortes de los salarios del sector público y del impacto que tendrá la reforma laboral en la moderación de las reivindicaciones salariales del sector privado».


Al analizar los procesos de ajuste emprendidos por los cuatro países de la Eurozona sometidos a algún tipo de asistencia financiera (Grecia, Portugal, Irlanda y España), el BCE anota la severa moderación salarial que se ha producido en Irlanda y que en los tres restantes países sufre un considerable retraso.

Los expertos de Fráncfort disponen de datos según los cuales Portugal inició ese movimiento en 2010, mientras que en España sigue siendo muy incipiente, apenas iniciado en 2011, y limitado, por lo que el ajuste duro de las remuneraciones está aún por producirse y caerá de golpe en cuanto se enfríe un poco más la economía; algo que se prevé como inevitable.

Pero aunque el recorte vaya a caer, según las previsiones del Banco Central Europeo, por su propio peso, Mario Draghi no cesa en su exigencia de que se acometan más recortes urgentes en España. Y la lista no es precisamente corta.

Pide que se emprendan «reformas adicionales de gran calado» y especifica que éstas deben abarcar como objetivo tanto la competitividad precio como la competitividad no precio, la que se logra a través del aumento del valor de los productos. No tiene reparos en recordar que en ambos vectores es «considerablemente bajo» y considera «especialmente urgente aplicar sustanciales recortes adicionales tanto de los costes laborales unitarios como de los márgenes de beneficio excesivos».

El informe mensual del BCE es minucioso al recomendar, en primer lugar, «un aumento de la flexibilidad en el proceso de determinación de salarios», en clara referencia a los convenios y «mediante la relajación de la legislación de protección del empleo», lo que sugiere mayores facilidades para el despido.

Menciona, además, como ejemplos la supresión de los mecanismos de indiciación salarial (incrementos salariales ligados al IPC), la reducción de los salarios mínimos, al modo alemán, donde no hay legislado un salario mínimo, y normas que permitan la negociación salarial en cada empresa y no por sectores.

También se incluyen menciones muy concretas a los necesarios incrementos de la productividad en ámbito del trabajo, para lo que propone la privatización, la innovación de los procesos y el desarrollo de nuevos productos, así como la aplicación de medidas concretas para mejorar la cualificación de la población activa y la puesta en marcha de iniciativas para crear un entorno empresarial más favorable. Habla, además, de liberalizar sectores profesionales, liberalizar la inmigración y abrir determinados sectores protegidos a la competencia internacional.

Del informe se deduce que casi todo está aún por hacer y parece una respuesta cortada a medida de esa frase que emplea a menudo el Gobierno de Mariano Rajoy y que tanto molesta en Fráncfort, la que pone por delante que «nosotros ya hemos hecho lo que teníamos que hacer» como pie para una intervención del BCE en el mercado de la deuda.

Lejos de darse por satisfecha, la institución que preside Mario Draghi requiere de forma explícita «políticas audaces en relación con las reformas estructurales y valentía ante las presiones de grupos privilegiados y de intereses creados». En este punto recuerda que los márgenes de beneficios excesivos «son especialmente predominantes en sectores orientados al mercado interno (fundamentalmente, los servicios)».

Resulta especialmente frustrante el párrafo que señala que no era necesario llegar al tremendo dato de paro español y que «podría haber sido muy útil para evitar la destrucción de empleo si se hubiese aprobado hace unos años» una reforma laboral como la de febrero de 2012.

El fatal retraso en la aprobación de la reforma laboral ha traído como consecuencia, a ojos del BCE, un «intenso proceso de devaluación interna» al que ya se refería a principios de mes un estudio de International Business Report (IBR), presentado por Grant Thornton y que señalaba que, ya que el euro impide a los países en crisis devaluar su moneda, la única opción es un descenso de los precios con la inevitable bajada de salarios y márgenes empresariales.

Según ese estudio, el 46% de las empresas españolas encuestadas apuesta ya por la congelación salarial y un 11% lo hace por la reducción. Esos son los porcentajes que deben aún aumentar drásticamente, según los presagios del BCE.

Y más frustrante resulta aún, si cabe, el carácter de inevitabilidad con el que Draghi nos augura esta madre de todas las devaluaciones, forzada por la recesión que se cierne sobre el continente.


El citado informe del BCE rebaja la previsión de crecimiento del BCE para la zona euro. Prevé que la economía se contraerá un 0,3% este año y se recuperará el año próximo a un ritmo más lento que el esperado, un 0,6%. Advierte además que «los riesgos en torno a las perspectivas económicas de la zona euro siguen siendo bajistas y están relacionados, principalmente, con las tensiones de los mercados financieros de la región y sus posibles consecuencias en la economía real».

Añade que también tienen que ver con «un posible incremento de los precios de la energía en el medio plazo». Hasta el segundo trimestre de este año y a la espera de conocerse algunas cifras todavía, ya hay ocho países europeos inmersos en un proceso de recesión: España, Italia, Grecia, Portugal, Chipre, Reino Unido, Eslovenia y Países Bajos.

También República Checa y Hungría amenazan con sumarse a ese pelotón, mientras que países destacados, como Alemania o Austria, comienzan a mostrar evidentes signos de desgaste en sus economías. Este es el caldo de cultivo europeo en el que se está cociendo la inminente devaluación de la economía española vía salarios.


Difícil evitar la recesión
En esa misma línea apuntan las últimas previsiones de la OCDE, que advierte que a la zona euro le será difícil esquivar la recesión. Sus indicadores compuestos avanzados del mes de julio, que miden cómo se van a comportar las economías en un futuro a medio plazo, muestran «signos persistentes de desaceleración» y adelanta que será más marcada en Italia.

París y Berlín seguirán un «crecimiento moderado», aunque el Banco de Francia ya anunció el miércoles que el país entrará en recesión técnica tras registrar dos meses seguidos de caída de la actividad, según informa Raquel V. Ruiz.

En cuanto a la situación en España, su indicador registró su sexto retroceso consecutivo, aunque todavía está por encima de los 100 enteros (pasó de los 100,5 puntos a los 100,3).

Fuera de la zona euro, incluso Estados Unidos y Japón moderarán la actividad. A pesar de que en sus últimos boletines la OCDE sí veía signos más optimistas, ambas potencias acusan ahora, a sus ojos, «un debilitamiento del impulso económico».

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