SELECCIÓN DE PRENSA NACIONAL

El Onze de Setembre en la Moncloa

La Vanguardia

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16-09-2012
http://www.lavanguardia.com/opinion/editorial/20120916/54350454548/el-onze-de-setembre-en-la-moncloa.html http://www.lavanguardia.com/opinion/editorial/20120916/54350454548/el-onze-de-setembre-en-la-moncloa.html

LA manifestación del pasado Onze de Setembre en Barcelona ha tenido un gran impacto político y emocional, en Catalunya, en España y también en los circuitos de información y opinión internacionales. En su último número, la revista norteamericana Time ubica la gigantesca manifestación de Barcelona como una de las cinco historias principales de la semana. El dossier Catalunya comienza a estar presente en las cancillerías europeas y en los centros de decisión de la Unión Europea. La manifestación del pasado martes fue un acontecimiento político de primer orden y ahora es el momento de la reflexión, del diálogo y de la perspectiva. Es hora de las luces largas. Excelente ejemplo de esta actitud fue la asistencia del jefe de la Casa del Rey, Rafael Spottorno, a la reciente conferencia del presidente de la Generalitat en Madrid.

Primera reflexión. La amplitud de la manifestación no debiera ser una sorpresa para nadie. Las señales de aviso hace tiempo que estaban dadas. A lo largo de los últimos años, La Vanguardia ha venido señalando que se estaban cometiendo graves errores en el trato político y emocional a Catalunya. Lo advertimos con especial énfasis unos meses antes de la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatut. Con total sinceridad y sin ningún sesgo amenazador, hicimos notar que una sentencia cargada de negatividad acabaría provocando una gran coagulación de la inquietud catalana. Así ha ocurrido. La sentencia del Tribunal Constitucional fue un error de gran trascendencia, en el fondo y en la forma. Y también fue un error la agresiva explotación política que el Partido Popular hizo de su recurso de inconstitucionalidad -las famosas mesas petitorias de firmas esparcidas por toda la geografía española-, una equivocación que destacados dirigentes del PP hoy reconocen en privado. Fue un error la retirada táctica del PSOE cuando vio que la reforma estatutaria que él mismo había promovido y había apoyado se le ponía cuesta arriba. Fue un error convertir el Tribunal Constitucional en una cuarta cámara llamada a desautorizar la voluntad popular catalana expresada en referéndum. En aquel momento se rompió un modelo que con todas sus limitaciones estaba ofreciendo el mejor marco de las relaciones entre Catalunya y España en los siglos XIX y XX.

Ha sido otro gran error la insistencia y la tenacidad partidista al servicio de un ataque constante a la convivencia lingüística en Catalunya, una convivencia que la sociedad catalana defenderá con mucha firmeza. La manifestación del día 11 también nos habla de ello. Y, finalmente, no se ha querido aceptar que el vigente modelo autonómico conlleva un déficit financiero asfixiante en Catalunya, especialmente agravado por la actual crisis económica. En lugar de reconocer ese déficit -cosa que empiezan a hacer, tímidamente, algunos dirigentes del Partido Popular-, todo indica que se pretende aprovechar la escalofriante crisis del modelo autonómico español para proceder a su paulatina laminación, mediante leyes, reglamentos y amenazas de intervención. Catalunya no lo va a aceptar. Y como guinda, la verborrea surrealista de algunos presidentes regionales que creen obtener algún tipo de rédito azuzando, todavía más, los prejuicios anticatalanes con lenguaje de bajo rasero. Por todo eso, el pasado día 11 tuvo lugar en Barcelona una de las mayores manifestaciones políticas registradas en España desde 1977.

Un modelo de relación se ha agotado y la mayoría de la sociedad catalana quiere en estos momentos una relación más libre en la que Catalunya tenga más margen de decisión. Estamos ante una cuestión que sólo puede ser resuelta políticamente. Y el principal instrumento político de la democracia es y será el diálogo. Un diálogo difícil, casi imposible, en apariencia, pero imprescindible. El próximo jueves, cuando el presidente del Gobierno español y el presidente de la Generalitat se entrevisten en la Moncloa, es previsible que no se pongan de acuerdo. Sin embargo, Mariano Rajoy debe escuchar la voz que le transmitirá el estado de ánimo de una mayoría incuestionable de la sociedad catalana. Nadie entendería ni podría aceptar un rechazo total. Hay que dejar puertas abiertas y el presidente de la Generalitat deberá aprovecharlas, aunque sea para cimentar mejor sus razones. Nada se construye con portazos. La firmeza de los objetivos no ha de ser obstáculo para la negociación. Catalunya tendrá que parlamentar y demostrar a Europa que su lenguaje y su estilo no se agotan con el ejemplar comportamiento pacífico y cívico del día 11, sino que la voluntad de diálogo impregnará todo el proceso que ahora se abre. Así se gana en Europa; no de otra manera. Con esa línea, con inteligencia y positividad, el espíritu del Onze de Setembre del 2012 no sólo mantendrá su fuerza, sino que ganará nuevos consensos en Catalunya y fuera de ella.