SELECCIÓN DE PRENSA INTERNACIONAL

Los Estados Unidos y el mundo musulmán

The New York Times

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22-09-2012
http://www.nytimes.com/2012/09/20/opinion/the-united-states-and-the-muslim-world.html?ref=opinion&_r=0moc.semityn.www http://www.nytimes.com/2012/09/20/opinion/the-united-states-and-the-muslim-world.html?ref=opinion&_r=0moc.semityn.www

El vídeo anti-Islam que desató ataques contra las embajadas estadounidenses y violentas protestas en el mundo musulmán era un interruptor adecuado para encender la rabia. Fuerzas más profundas están trabajando en esas sociedades, divididas por una rabia contenida por la falta de empleos, el estancamiento económico y décadas de represión de los anteriores gobiernos árabes.

A raíz de la Primavera Árabe, estas naciones recién liberadas se han convertido en un campo de batalla entre extremistas islámicos, moderados y laicos, todos compitiendo por el poder y la influencia sobre la dirección del cambio democrático. Estas fuerzas y los ataques pueden estar fuera del control de la política exterior de Estados Unidos, sin que importe lo que algunos quieran creer.

Un montón de líderes islamistas y afiliados de Al Qaeda, están dispuestos a explotar los disturbios para sus propios fines. Una fuerza particularmente destructiva es Hassan Nasrallah, líder de Hezbollah, que se puso al frente de una enorme manifestación anti-estadounidense en el Líbano. Él está, sin duda, tratando de revivir su propia popularidad, muy dañada por su alianza con el brutal presidente sirio, Bashar al-Assad.

Los extremistas anti-estadounidenses que asesinaron al embajador Christopher J. Stevens y tres de sus colegas en Bengasi, Libia, o instigaron alborotos en otras ciudades han reforzado los peores temores de quienes ven a los musulmanes sobre todo a través del prisma de la intolerancia y el odio. Los extremistas también han hecho un daño grave a su economía, el turismo y los negocios no pueden crecer en el caos y la inseguridad.

En lugar de exigir que sus gobiernos cumplan con proveer empleos y vivienda, los manifestantes se centraron en un crudo video promovido por detestables fanáticos en los Estados Unidos. Con los medios de comunicación controlados por el Estado en la mayoría del mundo árabe, la idea de que el gobierno de Estados Unidos se niegue a censurar materiales ofensivos contra el Islam por razón de la libertad de expresión sigue siendo inexplicable para muchos musulmanes. El miércoles, una revista francesa publicó vulgares caricaturas del profeta Mahoma, lo que provocó una nueva ola de indignación.

En 2009, el presidente Obama buscó sabiamente un acercamiento con los musulmanes. Hablando en El Cairo, adoptó un enfoque de respeto mutuo y prometió que, si bien él no dudaría en enfrentar el extremismo, Estados Unidos nunca estaría en guerra con el Islam. También desafió a los musulmanes a establecer gobiernos electos, pacíficos y respetuosos con todas las personas. Pocos hubieran pronosticado entonces cuántas naciones árabes están ahora luchando para cumplir con ese estándar. Preocupantes como son, las protestas deberían considerarse en su contexto. La mayor parte de las muchedumbres eran unos pocos miles de personas o menos. Y muchos líderes –de Libia, y los tunecinos, sobre todo, pero también el primer ministro turco, el gran muftí de Arabia Saudita y, tardíamente, los líderes egipcios– condenaron la violencia y se comprometieron a reforzar la seguridad en las embajadas y consulados estadounidenses. Tienen que seguir hablando fuera y también explicar públicamente a su pueblo por qué una relación con Estados Unidos es sustancial. Los libios que trataron de salvar el embajador Stevens han comprendido ciertamente el valor de esos lazos.

Mitt Romney y los republicanos han alimentado absurdos cargos de que el Sr. Obama ha sido débil por disculparse. A menudo han ofrecido solamente afirmaciones confusas y contradictorias en lugar de una alternativa coherente. No han entendido el mensaje de que Washington no puede, ni debe, tratar de imponer su voluntad sobre las frágiles democracias árabes.

Pero sería un error retirar el apoyo a las personas en Libia, Túnez y Egipto que están comprometidas con la construcción de gobiernos democráticos y sociedades pluralistas basadas en el imperio de la ley como algunos en el Congreso urgen. Los Estados Unidos tienen que seguir participando en cualquier forma que puedan.

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