Queremos el dinero de bancos y monopolios para reindustrializar Euskadi

¿De paraí­so industrial a fábrica de parados?

Exigimos utilizar, para impulsar la reindustrialización y la creación de empleo, los inmensos recursos que hoy se embolsan los bancos extranjeros, los grandes monopolios o las oligarquí­as locales incrustadas en las cajas.

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10-10-2012
El espejismo de que Euskadi estaba "al margen" de los problemas económicos que sufrí­a el resto de España se desvanece. Los recortes y ajustes impuestos por el FMI o la UE están hundiendo el tejido industrial vasco. Lo que se traduce en un aumento sin precedentes del paro.
No podremos tener la polí­tica industrial que a Euskadi le interesa mientras dependamos de los dictados de Bruselas.
El espejismo de que Euskadi estaba "al margen" de los problemas económicos que sufrí­a el resto de España se desvanece. Los recortes y ajustes impuestos por el FMI o la UE están hundiendo el tejido industrial vasco. Lo que se traduce en un aumento sin precedentes del paro.

El paro está creciendo en Euskadi incluso a un ritmo mayor que la media española. Pero es que, además, el empleo que se destruye aquí es fijo.

Según los datos distribuidos por el Instituto Vasco de Estadística (Eustat), el 77,3% del empleo destruido en Euskadi era indefinido. Mientras que en la media del conjunto de España nos dice que el 75% de los puestos de trabajo perdidos eran temporales. "En Euskadi se destruye empleo fijo de la industria, con mejores salarios y condiciones de trabajo"

La razón de esta diferencia es muy sencilla. En Euskadi se está destruyendo empleo industrial, más cualificado, con mejores salarios y preferentemente fijo.

Quien quiera volver a trabajar tendrá que hacerlo fuera de la industria, en peores condiciones, con sueldos más bajos.

Por eso, mientras que en toda España el aumento del paro ha bajado la tasa de temporalidad en 4,9 puntos, en Euskadi ha aumentado en 2,8 puntos.

Es el resultado de la destrucción del tejido industrial que la camisa de fuerza impuesta por el FMI y Bruselas nos está dejando en herencia.

Cada semana sufrimos el cierre de empresas emblemáticas, se anuncian severos ajustes de producción… Euskadi está pasando de paraíso industrial a fábrica de parados.

¿Es qué no nos queda más remedio que aceptar lo inevitable?

Nada de eso. La candidatura de UCE-De Verdad contra la crisis proponemos un ambicioso plan de reindustrialización de Euskadi, que contribuya a crear 125.000 nuevos empleos en los próximos cuatro años.

¿Cómo hacerlo? Utilizando los inmensos recursos que hoy se embolsan los bancos extranjeros, los grandes monopolios o las oligarquías locales incrustadas en las cajas.

Esta es la gran diferencia con el resto de candidaturas. Todos hablan de “potenciar la política industrial”. Pero nadie se atreve a cuestionar los escandalosos privilegios de bancos y monopolios.

El PNV se atreve incluso a proponer como “medida estrella” de su política industrial “el impulso a las multinacionales vascas en su apertura hacia nuevos mercados”.

Que sigan hundiendo la industria en Euskadi, y que Iberdrola aumente sus beneficios con la ayuda del gobierno vasco.

Mientras que Bildu clama contra “el injusto sistema que alimenta la gigantesca especulación financiera”, pero no propone una sola medida concreta para atajarla.

O IU propone “obligar a las entidades financieras a conceder créditos a empresas y familias, vinculando el rescate financiero a esta obligación de concesión de créditos”.

¿Pero cómo va a poder hacerse esto mientras la gestión de la Kutxa siga en manos de las oligarquías locales que hacen y deshacen en sus consejos de administración?

Queremos que la Kutxa se convierta en un banco público de verdad, donde los depositantes y ahorradores tengan capacidad de decisión real sobre la gestión de sus inmensos recursos.

Entonces sí, podremos obligar a que los 75.000 millones que guarda en sus depósitos, se inviertan en la economía productiva, haciendo llegar ese dinero a las pymes.

De la misma manera, no es posible impulsar una reindustrialización consecuente mientras persista la actual política fiscal. La que obliga a las pymes a pagar un 25% de sus ínfimas ganancias, mientras los grandes monopolios solo abonan el 6,9%.

Y no podremos tener la política industrial que a Euskadi le interesa mientras dependamos de los dictados de Bruselas. Los mismos que nos impusieron hace años una draconiana reconversión que arrasó con sectores claves como la siderurgia.

 

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