SELECCIÓN DE PRENSA NACIONAL

Las cajas alemanas esconden 250.000 millones en activos tóxicos

La Razón

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29-10-2012
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Aunque parezca todo lo contrario, Alemania ha sido el tercer país de la Unión Europea, por detrás de Irlanda y Reino Unido, que más ayudas ha concedido a su sistema financiero en forma de capital o avales. Los más de 252.000 millones de euros, según consta en las estadísticas de la Comisión, son tres veces más que las ayudas realizadas por España (88.800 millones), a pesar de que sea nuestro sistema financiero el que acapara en estos momentos la atención de toda Europa.

Una tercera parte del sistema financiero alemán está articulada sobre la estructura de cajas regionales («sparkassen») y sus correspondientes «landesbanken». El objetivo de ambos es apoyar el desarrollo económico del estado correspondiente, así como subvencionar los bienes públicos locales. Disponen de una densa red de oficinas (más de 20.000) y empleados (360.000) y pertenecen a municipios o regiones rurales. Están sujetas al principio regional, lo que en la práctica se traduce en que operan en su región compitiendo con los bancos comerciales y los bancos cooperativos, pero nunca contra otra caja de ahorros.
Los «landesbanken» originalmente fueron creados para actuar como bancos centrales de las cajas de ahorros y para operar, de acuerdo con el mismo principio regional, dentro de unos estados mas federados. Con el tiempo se han involucrado en operaciones mayoristas, banca de inversión y negocios internacionales, actividades que, con la crisis financiera, han terminado por salpicarlos y ponerlos en una difícil situación.

Una de sus particularidades, el esquema común de garantías, se ha convertido hoy en el caballo de batalla de Alemania contra la unión bancaria y la creación de un fondo de garantía de depósitos.

Las cajas regionales alemanas han operado bajo una cierta opacidad, alejadas muchas veces de las condiciones de mercado. La sombra de una supervisión común para los 6.000 bancos que operan en la Unión Europea está chocando frontalmente con Angela Merkel. ¿Por qué? Porque las cajas alemanas disponen de un fondo de garantía comunal que permite proteger los depósitos de una entidad con los bienes de todos, sobre la base de que es prácticamente imposible que se desplomen todas a la vez. Este esquema ha permitido a los «landesbanken» a obtener la máxima calificación de las agencias de rating y obtener financiación en condiciones mucho mejores. Este esquema de protección concluyó en 2005, aunque sigue siendo válido hasta 2015. El camino hacia la unión bancaria europea, la supervisión centralizada en el BCE y el fondo de garantías común es imparable, pero va a chocar con muchos obstáculos.

Un celo absoluto
Alemania guarda celosamente el estado de salud de sus cajas regionales y los «landesbanken». El mercado cree que por detrás de los intereses nacionales se esconden problemas financieros importantes. Se habla de un agujero de 250.000 millones de euros, lo que obligaría a una millonaria recapitalización. La venta del WestLB nunca ha podido llevarse a cabo por el elevado número de activos tóxicos que figuran en su balance en forma de productos derivados, similares a los que hicieron estallar la crisis hace ya cinco años. Las cajas regionales ya han recibido ayudas directas de 40.000 millones de euros, lo que, unido a garantías y avales, ha elevado la ayuda pública a más de 252.000 millones.

Alemania ya no se muestra tan eufórica con la unión bancaria y su rápida puesta en marcha. Alega en las cumbres que se necesita tiempo para un proyecto de semejante envergadura. La realidad, sin embargo, es bien distinta. Las elecciones de octubre del próximo año aconsejan no dar la sensación de ceder soberanía, pero, por encima de todo, el Gobierno de Angela Merkel no está dispuesto a perder el control de la pequeña y mediana banca y mucho menos, a que se conozcan -con una supervisión paneuropea- sus entresijos.

Mientras los grandes bancos internacionales como Deutsche Bank o Commerzbank respaldan la supervisión única y el fondo de garantías europeo, la patronal de las cajas de ahorros confía en los fondos nacionales y en los sistemas de seguridad nacionales, alegando que no es misión del sistema financiero alemán prestar ayuda a entidades de otros estados miembros. La DSGV, patronal de las cajas de ahorros alemanas, asegura que el modelo bancario alemán es suficientemente eficiente para ser modificado por una legislación europea.

De momento, la primera batalla ha caído del lado alemán. La puesta en marcha de la supervisión bancaria europea se retrasa hasta 2014. Para entonces, Merkel ya conocerá su futuro y quizá la recuperación económica termine por acabar con las sospechas de una buena parte del sistema financiero alemán.

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