SELECCIÓN DE PRENSA NACIONAL

Florencia y Andalucí­a

La Vanguardia

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31-10-2012
http://www.lavanguardia.com/opinion/articulos/20121031/54354041858/florencia-y-andalucia-enric-juliana.html http://www.lavanguardia.com/opinion/articulos/20121031/54354041858/florencia-y-andalucia-enric-juliana.html

La noche del 19 de junio del 2004, Pasqual Maragall, exultante y seguro de sí mismo, proclamó el triunfo de "la mayor fuerza política que jamás ha tenido Catalunya". El PSC había ganado las elecciones europeas con el 42,7% de los votos, dándole una verdadera paliza a CiU, en tercera posición con un humilde 17,4%, una milésimas por detrás del PP (17,8%). Junio del 2004. Aún no había empezado la tramitación del tercer Estatut, El Proceso de Franz Kafka en lengua catalana.

Ocho años después, liquidados kafkianamente los hermanos Maragall, Pere Navarro i Morera se enfrenta al riesgo de conducir a los socialistas catalanes a la peor de las debacles. El aura de la derrota atenaza la inteligente bisagra pactada en 1977 por Felipe González y Joan Reventós.

(En aquellas primeras elecciones, el PSOE podía haber optado por medirse en Catalunya con el partido de los profesores socialistas de habla catalana, dilucidando así la fuerza electoral de Pijoaparte y la de los amigos de la prima Montse. El beneficiario de tal competición habría sido el viejo PSUC. Y González tenía un mandato imperativo: evitar la preponderancia de los comunistas. Este es un dato importante para entender la transición en Catalunya. En el PSUC -"partido nacional catalán", según sus estatutos- ya había cromosomas soberanistas. Un día hablaremos de Joan Comorera i Solé).

El PSC lo tiene esta vez muy difícil, pero se le está tratando con cierta frivolidad en los medios. Que nadie le dé por muerto. Demediado, entristecido y con menos diputados, su papel en la próxima legislatura puede ser influyente. La incorporación del derecho a decidir en su programa suena a improvisación, a desespero, e invita al sarcasmo -el novel Navarro acusa a Artur Mas de aventurismo y a la vez le acepta la premisa mayor: el ejercicio del derecho de autodeterminación-, pero es también un movimiento de alcance, pactado bajo mano con Alfredo Pérez Rubalcaba.

Colocando un pie en el círculo soberanista, el PSC puede estar en condiciones de proponer a Mas un pacto de legislatura -e incluso un gobierno de coalición-, si CiU no alcanza la mayoría absoluta el día 25. A su vez, Rubalcaba ejecuta una jugada que me atrevo a calificar de maquiavélica, aun conociendo la aversión que el secretario general siente por ese calificativo. Subrayando el carácter autónomo del PSC, Pérez Rubalcaba empuja a a su rival Carme Chacón a un terreno muy pantanoso -¿apoya la diputada por Barcelona el derecho a decidir?-, y tapona, momentáneamente, las ambiciones de José Antonio Griñán. Resta capacidad de veto al palacio de San Telmo de Sevilla en el nuevo cuadro y advierte que el PSOE no se puede convertir en el Partido del Sur en el momento más aciago de su historia reciente. No es poco.

No es poco, pero es ilegible. La narrativa socialista presenta estos días una sintaxis espantosa. Navarro tiene dificultades como relator. Ayer, entre los asistentes a la conferencia del líder del PSC en el Fórum Europa de Madrid, estaba Luis Arroyo, experto en comunicación política. Le espera un arduo trabajo de marquetería. Y apenas hay tiempo.

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