Desestabilización en Egipto

¿El "invierno" sucede a la "primavera" árabe?

Los intereses norteamericanos por mantener el control en el Egipto post-Mubark han abieto la "caja de los truenos" en uno de los puntos estratégicos del mundo árabe.

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12-12-2012
La transición democrática en Egipto juega sobre un equilibrio explosivo. La lucha entorno a la nueva Constitución es un nuevo episodio donde se dirimen los intereses hegemonistas (EEUU) cuyo bastión es la cúpula militar, los sectores isalmistas y la gran mayorí­a del pueblo egipcio que dio cuerpo a la primavera árabe.
La contradicción islamismo-laicismo, democracia-autocracia, esconde un "bipartidismo" devastador para Egipto, el de tener que elegir entre los islamistas y los partidarios del dominio norteamericano.
La transición democrática en Egipto juega sobre un equilibrio explosivo. La lucha entorno a la nueva Constitución es un nuevo episodio donde se dirimen los intereses hegemonistas (EEUU) cuyo bastión es la cúpula militar, los sectores isalmistas y la gran mayorí­a del pueblo egipcio que dio cuerpo a la primavera árabe.

Hace ahora un año, el primer intento de Constitución se saldo con una ola de violencia y más de dos mil muertos y heridos. Aquella otorgaba poderes excesivos a los militares, dando continuidad al régimen del ex presidente Hosni Mubarak.


En mayo de este año, la victoria del candidato de los Hermanos Musulmanes, Morsi, fue presentado como un desafío a los representantes directos del ejército y del viejo régimen. Ahora EEUU ha silenciado la crítica pública a Morsi después de que Obama trabajó en estrecha colaboración con Morsi durante la crisis del mes pasado en Gaza. El gobierno egipcio no cuestiona la alianza con la superpotencia, pero indudablemente es necesario (a través de la llamada oposición “laica”) frenar las aspiraciones del mandatario egipcio de dotarse de una autonomía que le colocara más allá de los intereses norteamericanos. "Washington quiere cortar las aspiraciones del nuevogobierno de dotar a Egipto de una mayor autonomía"


El primer paso está dado. Las movilizaciones han conseguido que Mursi aceptara modificar el decreto que ampliaba sus poderes. El segundo paso es cambiar la nueva Constitución. Si bien no impone la sharia como ley en el país y avanza en derechos democráticos (protección contra la tortura, la libertad de reunión y el derecho a formar partidos políticos y editar publicaciones sin permiso del gobierno), sus artículos escritos parecen dar al gobierno el poder para socavar los derechos individuales e integra al ejército directamente en el gobierno al margen de ningún control parlamentario. 


La contradicción islamismo-laicismo, democracia-autocracia, esconde un “bipartidismo” devastador para Egipto, el de tener que elegir entre los islamistas y los partidarios del dominio norteamericano. Algunos sectores prohegemonistas de la oposición (grupos y partidos liberales y de izquierdas) la han dividido irresponsablemente para agudizar las tensiones y el enfrentamiento con los Hermanos Musulmanes. Quieren restaurar el antiguo orden autocrático. Pero otros sectores de la oposición encarnan el espíritu de la primavera árabe (pluralista, patriótico y democrático). Siguen siendo protagonistas de las movilizaciones, pero el grado en que consigam crear un frente de unidad para cuestionar la injerencia norteamericana (a través del ejército) más allá del esquema islamismo/laicismo decidirá si Egipto sale de una vez de su largo y opresivo invierno.

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