SELECCIÓN DE PRENSA NACIONAL

Ana Mato, un test para calibrar la voluntad del PP

El Mundo

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02-02-2013
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RAJOY propuso la semana pasada un gran pacto contra la corrupción. No necesita esperar a la formalización de ese acuerdo para demostrar su voluntad de combatir esta lacra. Difícilmente se le va a presentar una mejor oportunidad que la que hoy le proporciona nuestra portada: Jesús Sepúlveda y su entonces esposa, Ana Mato, realizaron viajes privados y aceptaron obsequios con cargo a la trama Gürtel durante seis años, desde 2000 hasta finales de 2005. A Rajoy no le queda otro remedio para no perder su credibilidad que anunciar hoy la dimisión de la ministra en su comparecencia ante los medios.

Un meticuloso informe de 81 folios realizado por la Udef apunta a que la ministra de Sanidad, su marido, sus hijos y la empleada de hogar realizaron viajes por importe de 50.000 euros, con estancia en hoteles y alquileres de vehículos incluidos, que fueron facturados a la agencia Pasadena y pagados por Francisco Correa y sus socios con dinero B.

Ana Mato, que era entonces secretaria de Coordinación del PP, recibió también obsequios personales, mientras Gürtel pagaba fiestas familiares, además de regalarle un Jaguar a su marido, como ya se publicó hace tres años. Por ello, Rajoy cometió un grave error de juicio al nombrarla ministra. Ana Mato explicó que se hallaba en trámites de separación de su esposo y que no controlaba las cuentas familiares. Pero ahora se trata de sus propios gastos personales, de elevada cuantía, y desplazamientos frecuentes que se produjeron durante un largo intervalo, antes de su separación legal. Ella no podía ignorar quién los costeaba.

Que una dirigente de alto nivel del PP y hoy miembro del Gobierno haya aceptado que una trama corrupta abone sus gastos familiares es motivo de dimisión en cualquier país democrático. Si lo sabía, es imperdonable. Y si no lo sabía, tampoco puede seguir en el cargo, porque si no se enteraba de nada de lo que pasaba en su entorno íntimo difícilmente puede estar cualificada para ser ministra. O Ana Mato acredita con facturas o extractos bancarios que ella y su marido pagaron esos viajes o tiene que dimitir. Ya no valen las declaraciones de principios y los códigos éticos si luego no se hace nada cuando quedan acreditados casos como éste.

Resulta necesario que los partidos políticos aborden reformas legales consensuadas contra la corrupción, pero el movimiento se demuestra andando. En este sentido, la Fiscalía Anticorrupción dio ayer un paso importante al decidir abrir una investigación sobre la existencia de sobresueldos opacos en el PP. La Fiscalía no ve, de momento, conexión entre esos pagos y el caso Gürtel, pero, de surgir algún vínculo, remitiría la información en su poder al juez Pablo Ruz, que instruye dicho sumario y ha imputado a Luis Bárcenas. Igualmente, la Fiscalía pidió a Ruz que le cite de nuevo a declarar en relación a los 22 millones de euros que obraban en sus cuentas en Suiza, según se constató a través de una comisión rogatoria.

Como son dos iniciativas que EL MUNDO había reclamado en estas mismas páginas, celebramos que la Fiscalía haya adoptado una posición activa de esclarecimiento de los hechos, como es su obligación. En el caso de Ana Mato, no estamos seguramente ante un delito, pero sí ante una conducta reprobable tanto desde el punto de vista ético como político. Por una cuestión de elemental ejemplaridad, tiene que marcharse.

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