SELECCIÓN DE PRENSA INTERNACIONAL

La dimensión geopolí­tica de la crisis de Chipre

The Washington Post

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21-03-2013
http://www.washingtonpost.com/opinions/cyprus-triggers-another-euro-zone-crisis/2013/03/20/34c1d3fe-9180-11e2-9abd-e4c5c9dc5e90_story.html http://www.washingtonpost.com/opinions/cyprus-triggers-another-euro-zone-crisis/2013/03/20/34c1d3fe-9180-11e2-9abd-e4c5c9dc5e90_story.html

¿PODRÍA comenzar otra crisis financiera europea en la minúscula Chipre, con una población de poco más de 1 millón y un producto interior bruto de sólo 23.600 millones dólares? La idea es sólo un poco más extraña que la idea de que este centro de bancos offshore enclavado en  medio del Mediterráneo, parcialmente ocupado por Turquía desde 1974, pertenezca a una unión monetaria con Alemania en el primer lugar. Pero los líderes de Europa, en su sabiduría, invitaron a Chipre a unirse a la zona euro en 2008, y ahora el futuro de un continente se juega en el rescate de la isla y sus bancos insolventes.

Los políticos europeos, liderados por el gobierno de la canciller alemana, Angela Merkel, ha hecho las cosas de forma desastrosa hasta ahora. Chipre debe recapitalizar su sistema financiero, que está muy dañado por la exposición a la deuda soberana de la vecina Grecia. El Fondo Monetario Internacional (FMI) y los gobiernos de la UE acordaron prestar 13 mil millones de dólares en fondos necesarios, a cambio de la habitual austeridad y una contribución de 7.500 millones del gobierno chipriota.


La única manera en que Chipre pudiera tener en sus manos tanto dinero, sin embargo, era establecer un "impuesto" sobre los 88.400 millones de dólares depositados en sus bancos. Aunque básicamente se trata de una educada forma de confiscación, era defendible bajo las circunstancias especiales Chipre, que incluyen el hecho de que había poco dinero para ser recaudado a los tenedores de bonos de los bancos. El cuarenta por ciento de los depósitos pertenecen a extranjeros, especialmente rusos ricos, que están relativamente bien posicionadas para compartir riesgos en su paraíso fiscal, un rescate que no golpeara a los rusos hubiera sido políticamente imposible en Alemania.

Para el Gobierno chipriota, sin embargo, poener impuestos a los peces gordos arriesgaba alienar al primer ministro ruso, Vladimir Putin, a cuyo gobierno Chipre ya debe 3.300 millones de dólares de un rescate anterior. Así que el presidente Nicos Anastasiades –con la aquiescencia inexplicable de Berlín– trató de trasladar parte de la carga a las cuentas pequeñas, aquellas con menos de 100.000 euros, que es el límite superior para el seguro de depósitos. El Parlamento chipriota rechazó el plan ante la previsible posibilidad de un levantamiento de la clase media. Y lo que es mejor – al vioar también la garantía de los depósitos de los ahorradores chipriota se ha sentado un precedente peligroso y posiblemente desestabilizador para los bancos en toda Europa.

Aunque haya que considerar muerta esta mala idea, por ahora, el mero hecho de que se haya propuesto podría rondar a los ahorristas en Italia, España y Grecia. Mientras tanto, sólo quedan otras opciones difíciles: Chipre podría pedir al señor Putin más ayuda, a cambio, tal vez, de una participación en sus yacimientos de gas natural; que la isla pueda no pagar y, probablemente, tenga que salir de la zona euro, o que aún pueda improvisarse un acuerdo con el FMI y los alemanes en el que se limite el "impuesto" sólo a los depósitos grandes.

La tercera parece ser la opción menos mala, pero dada la reacción nacionalista en Chipre contra Alemania en el esquema original, es una incógnita lo que hará Chipre, tras el shock último, sus ministros de finanzas y de energía estaban de visita en Moscú.

Qué irónico sería si el resultado final de una excesiva extensión de la zona del euro a Chipre resulta ser una expansión de la influencia rusa sobre el jardín de la Unión Europea. Al parecer, los creadores de la zona euro subestimaron el riesgo geopolítico – junto con las dificultades de establecer una moneda común entre naciones con intereses propios sin tener un verdadero banco central, una misma regulación o una política fiscal común. Después de tres años de crisis, los defectos de diseño permanecen en gran medida sin corregir. El lío de Chipre, aunque es poco probable que desencadene un colapso europeo, es una advertencia de que el tiempo que queda para reparar esas fallas no es ilimitado.

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