El Estetoscopio

La sanidad pública y el horror británico

Al menos 8 centros más están siendo investigados ante las sospechas de mala gestión sanitaria

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16-04-2013
Abandono y maltrato en los hospitales públicos británicos. ¿Un final inevitable para los sistemas de salud europeos?
Abandono y maltrato en los hospitales públicos británicos. ¿Un final inevitable para los sistemas de salud europeos?

Al menos 1.200 muertes por negligencias y desatención médicas durante seis años en un hospital no se consuman si no es dentro de un plan organizado. 

El informe que ha puesto contra las cuerdas al gobierno británico es un triunfo popular de las víctimas del hospital de Stafford. Pero también es un ariete de los pueblos de los países de la UE contra la rampante mercantilización de la sanidad.

El objetivo de las autoridades ha sido y es reducirlo todo a un problema local y puntual. Y el del resto de gobiernos y grandes grupos mediáticos reducirlo a un problema local inglés.

Las quejas en el hospital inglés empezaron en 2005. Después de un primer informe que detectaba severos fallos en el cuidado y atención de los pacientes por falta de regulación desde la dirección del hospital y del consorcio público que lo dirige, un pequeño grupo de familiares y pacientes  pelearon por una investigación pública de mayor calado.  Su principal escollo fue que en todo momento el gobierno afirmaba que los fallos eran un problema local y puntual dentro del sistema sanitario.  No estaban de acuerdo. Exigían una investigación pública, contemplada por  la ley británica, en forma de declaración jurada y pública de los testigos. El gobierno Laborista de aquel momento se negó y lo redujo todo a pequeñas indagaciones que no llegaron a ser públicas. No desistieron hasta conseguir difusión  mediática y apoyo popular. Finalmente, la investigación se hizo en 2009 y los resultados han salido recientemente a la luz."Cogía fuerte su mano, hasta el punto de clavarle las uñas, cada vez que se acercaban las enfermeras"

Los datos más escabrosos han sido dados a conocer por los medios, en los que aparecen pacientes abandonados a su suerte, bebiendo agua de los floreros o con la ropa de cama sucia durante días por desatención en sus condiciones básicas de alimentación e higiene. Se comprobó que la mayoría de las enfermeras no estaban lo suficientemente cualificadas, que los pacientes más críticos estaban a cargo de médicos sin experiencia y que existía cierta arbitrariedad a la hora de establecer las urgencias. Junto a estos, los testigos que declararon en las audiencias hablaban (según un periodista asistente) de “ llamadas por la noche por parte de los directores y gerentes presionando para alcanzar objetivos, enfermeras amenazadas con su puesto de trabajo si hablaban y médicos suspendidos por haber elevado sus quejas".  El horror sanitario en el hospital iba de arriba abajo. ¿Cómo si no se explica que desde las primeras quejas a mediados de los años 2000 hasta la actualidad nadie hiciera nada? ¿Cómo se explica que David Nicholson, el que fuera el cabeza del NHS en Stafford entre  2005 y 2006 no sólo no haya dimitido sino que ha sido ascendido a responsable a nivel nacional con un sueldo de más de 300.000 euros anuales?

Curar el sistema sanitario

Una de las víctimas era Bella Bailey. Murió en noviembre de 2011 tras su paso por Stafford.  El relato de su hija, fundadora de la asociación de familiares y pacientes, es estremecedor. La anciana de 86 años cogía fuerte su mano, hasta el punto de clavarle las uñas, cada vez que se acercaban las enfermeras. Tal era el nivel de horror que despertaba buena parte del personal en los enfermos de varias plantas del Hospital General de Stafford. La abuela era polaca. Decía que en el campo de concentración de Auschwitz, en el que estuvo internada,  "allí al menos tenía amigos, aquí ni eso". Sus familiares, asustados, temieron por la vida de la mujer. La hija se quedó a su lado a jornada completa, durmiendo en una silla a su lado. Al cuarto día una enfermera se conmovió y le dio una manta. Hoy Julie Bailey es la fundadora de un movimiento ciudadano por la reforma del Sistema Nacional de Salud británico llamado Cure the NHS (curar el Sistema Nacional de Salud).

Los familiares encontraron en su intercambio de experiencias un alivio a tanto atropello sufrido. Todos tenían en común haberse tenido que hacer cargo directamente del cuidado de sus familiares enfermos y de ver como estos se iban apagando y encogiendo hasta la muerte en una auténtica galería de horrores. De esta puesta en común de un pequeño grupo de familiares y pacientes nació Cure the NHS, curar el NHS.

El objetivo de esta plataforrma es, por un lado, mejorar la seguridad y el cuidado a los pacientes en el NHS. Proveer apoyo y consejo a otras víctimas. Y, en tercer lugar, compartir experiencias para que sirvan a otros. 

Al menos 8 centros más están siendo investigados ante las sospechas de mala gestión sanitaria producidas al superar de forma notable los ratios de mortalidad esperada, pero pese a esto, el gobierno inglés se ve abocado a realizar importantes recortes que seguirán afectando a su servicio sanitario."La ley del máximo beneficio lleva, en su reverso del mínimo coste,  a la omisión de auxilio"

Máximo beneficio, omisión de auxilio

Muchos han alzado la voz sobre el peligro que se cierne sobre España ante la privatización acelerada del sistema público. No les falta razón en su preocupación. El británico ha sido uno de los sistemas de salud que antes empezó la senda de la privatización y ha sido modelo para el modelo español de Alzira y Madrid. Se trata de la Iniciativa Privada de Financiación, por el que una empresa privada construye el edificio y contrata al personal no sanitario. Según un estudio de una comisión encargada por el gobierno británico, en 2006 hasta el 50% de los hospitales  ingleses, gestionados o no por empresas, tenían pérdidas. Estos hospitales tuvieron que recortar su personal y quitar camas. El primer hospital PFI se abrió en 1998 después de largas y caras negociaciones (los asesores financieros se llevaron el 4% del valor del edificio) entre la administración y la empresa. Los hospitales salen muy caros, hasta tres veces lo que cuesta por el modelo público, las condiciones de trabajo han empeorado, se han reducido los puestos de trabajo y ha descendido la cantidad y la calidad de la atención a la población. Un estudio de la Universidad de Manchester basada en los 12 primeros hospitales PFI asegura que el interés que se paga por ceder la construcción y gestión del hospital a manos privadas es del 8%, el doble que hubiera costado de normal.  Además, los gastos son calculables, pero si el hospital necesita sobre la marcha cambiar algo, el consorcio privado pide al gobierno que se le paga más. La ley del máximo beneficio lleva, en su reverso del mínimo coste,  a la omisión de auxilio.Y ahí es donde los horrores de Stafford son la punta de un iceberg, la de la desatención, la omisión de auxilio, el “tanto tienes, tanto vives” que ha venido funcionando de forma silente, soterrada, y que ahora emerge como un volcán ante nuestra atónita mirada. El peligro acecha  para los ciudadanos supuestamente cubiertos. En 2012 se triplicaron los expedientes de queja por temas de salud al Defensor del Pueblo, debido a  los recortes sanitarios nacionales y autonómicos. En su informe, Soledad Becerril destaca el caso de un  paciente derivado desde Andalucía a Cataluña para ser sometido a una operación compleja. A pesar de que los médicos del hospital Clínico de Barcelona confirmaron la necesidad de operarle,  la intervención se anuló finalmente por razones estrictamente económicas. El gobierno andaluz se lava las manos porque derivó al paciente; el catalán se desentiende porque  el hospital no era un centro de referencia en ese tipo de operación. Él uno por el otro… ¿cuántos de los nuestros se nos van así?