Ensayos a gran escala con personas

Cobayas humanas de las farmacéuticas

Además de matar a los que saltaban el Muro de Berlí­n, dirigentes de Alemania del Este permitieron en los años 80 a las farmacéuticas occidentales hacer 600 pruebas ilegales de medicamentos sobre 50.000 de sus ciudadanos. A cambio, cada ensayo clí­nico reportaba a la RDA casi medio millón de euros.

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15-05-2013
Mataban a los ciudadanos que querí­an saltar el muro de Berlí­n, pero vendí­an la vida de los alemanes del este para que los monopolios occidentales experimentasen con sus vidas. En los años ochenta, según se ha publicado recientemente, hasta cincuenta clí­nicas de la RDA colaboraron con multinacionales farmacéuticas como Schreing o Sandoz en unos 600 experimentos a gran escala.
Mataban a los ciudadanos que querí­an saltar el muro de Berlí­n, pero vendí­an la vida de los alemanes del este para que los monopolios occidentales experimentasen con sus vidas. En los años ochenta, según se ha publicado recientemente, hasta cincuenta clí­nicas de la RDA colaboraron con multinacionales farmacéuticas como Schreing o Sandoz en unos 600 experimentos a gran escala.


Participaron en las pruebas las principales multinacionales que hoy tratan nuestras enfermedades: Bayer, Schering, Pfizer, Sandoz o Roche. A cambio, se calcula que por cada ensayo con cobayas humanas, pagaban unos 450.000 euros en divisas a la maltrecha economía de la RDA y daban a sus autoridades material clínico diverso.

Las necesidades del capitalismo burocrático de la RDA (directamente inyectado por el socialfascismo soviético) se anudaron con los intereses criminales de unas multinacionales que buscaban atajos para ganar la carrera de la ley del máximo beneficio.

"Los responsables de las grandes farmacéuticas deben ser juzgados" “El jefe del archivo de la policía política de la RDA (Stasi), Roland Jahn, denunció que la industria farmacéutica se benefició de las condiciones políticas autoritarias en la RDA”. La temida Stasi estaba al tanto de todos estos manejos, porque la obtención de divisas era una de las prioridades del régimen.

Un informe de la Stasi recoge una conversación entre médicos del hospital berlinés Charité, cuyo director científico, Christian Thierfelder, consideraba que la multinacional Schering (hoy parte de Bayer) quería someter a ciudadanos orientales “a pruebas que la prensa occidental tacha de indignas e inhumanas”. Los ensayos incluyeron toda la gama de una gran botica: quimioterapia, productos para el corazón, antidepresivos, etcétera. En otros casos se probaron sustancias cuyos efectos no estaban todavía claros, para averiguar si tenían algún uso farmacéutico.

La empresa Hoechst, hoy parte de la multinacional francesa Sanofi, probó con enfermos orientales un medicamento llamado Trental, al que al menos dos personas no sobrevivieron. Hay pruebas de que otros dos murieron tras ser tratados con Spirapril, de la farmacéutica bávara Sandoz, que interrumpió el estudio.

Otros documentos prueban que la empresa Boehringer, hoy parte de la suiza Hoffmann-La Roche, probó en 1989 tratamientos hormonales con EPO en 30 prematuros. Der Spiegel habla también de experimentos con alcohólicos que, inconscientes o presas del delirio, fueron tratados con una medicina de Bayer llamada Nimodipin. Debía fomentar el riego sanguíneo en el cerebro de pacientes “incapaces de dar su consentimiento o de entender que estaban siendo sometidos a un ensayo médico” (El Pais digital, 12 mayo 2013)

Los responsables de las grandes farmacéuticas que lo organizaron deben ser juzgados y las víctimas o sus familiares compensados. Porque justamente es la impunidad pasada lo que les permite hoy negar tratamientos en el Tercer Mundo o a los hospitales de los países, como Grecia, intervenidos por la Troika

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