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Merkel y Hollande: acercamiento difí­cil

Deutsche Welle

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31-05-2013
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La canciller alemana y el presidente francés siguen sin acordar su pretendida propuesta para consolidar la unión monetaria europea. Las relaciones franco-germanas parecen mejorar, pero solo superficialmente.

Angela Merkel y Francois Hollande sonríen, hacen bromas e insisten en puntos comunes. No importa si coinciden en una cumbre de la Unión Europea o en la celebración por el 150 aniversario del partido socialdemócrata alemán (SPD). La canciller conservadora y el presidente socialista se tratan con sospechosa cordialidad.

Las relaciones franco-germanas parecen haber superado la frialdad de los primeros meses de presidencia socialista en París. Quizás tenían razón quienes pronosticaron, incluso antes de las elecciones francesas, que el pragmático y sobrio Hollande podría entenderse y cooperar mejor con Merkel que su impulsivo y brusco predecesor, Nicolás Sarkozy. O tal vez no.

Ofensiva de gestos

Pese a la aparente cordialidad, las relaciones entre ambos gobiernos no están en su mejor momento. Berlín y París tienen ideas y aspiraciones muy dispares sobre el futuro de Europa. Y a ello se suma el dramático desarrollo de las relaciones de fuerza y poder entre ambas naciones. Francia se ha visto económica y, con ello, también políticamente debilitada, mientras la influencia alemana crece sin parar en el bloque europeo.

La economía francesa, que se medía de igual a igual con la alemana hace una década, ha perdido impulso. Una dramática desindustrialización, acompañada de tasas de desempleo tan altas como nunca antes en la V República, han puesto a Hollande contra la espada y la pared, justo desde que asumió el cargo, y luego de haber prometido al electorado que todo iría mejor bajo su mando. Un año tras su elección, Hollande carga sobre sus hombros con 322.000 desempleados más de los que había en el país cuando llegó.

La más grave crisis de la V República

Para muchos socialistas franceses, la política de austeridad impuesta por Alemania es la responsable de la crisis de Francia y de Europa. De hecho, Merkel ha frenado una y otra vez las iniciativas políticas de Hollande, lo mismo en el debate sobre la integración financiera, que en torno a la propuesta de un nuevo rol para el Banco Central Europeo (BCE).

Una cosa está clara: la canciller rechaza, por el momento, tanto la emisión de deuda común como un giro político del BCE o programas de inversión a corto plazo. Merkel está convencida de que Francia, como principal socio de Alemania, solo puede reponerse con una completa reforma estructural, una como la que su antecesor, el socialdemócrata Gerhard Schröder, impuso a Alemania bajo el título de "Agenda 2010".

Gobernar con un partido dividido

 

Hollande ha elogiado repetidamente la abarcadora reforma socioeconómica de Schröder, pero nada similar está a la vista en París. Al contrario: los franceses perciben a su presidente como un jefe de estado indeciso, con una política contradictoria y sin carácter para imponer su autoridad.

Los medios franceses se burlan y lo tratan de "Monsieur faible", o sea, "señor débil“, mientras destacan el liderazgo de la canciller alemana en Europa. La presión crece así sobre Hollande, especialmente desde su propio partido, que le exige imponerse sobre la “intransigencia egoísta” de la canciller con un giro a la izquierda, tanto para Francia como para Europa.

¿Cuál Europa?

En las celebraciones por el 50 aniversario de Tratado del Elíseo, Merkel y Hollande prometieron presentar, para finales de mayo, una postura conjunta sobre el futuro de la unión monetaria. Pero el tiempo se acaba y la propuesta no llegará. No hay acuerdo entre las partes.

Hollande presentó sus propuestas hace pocos días en París, pero Berlín se niega rotundamente a aceptar su reclamo de proveer a la eurozona de un presupuesto común y emitir deuda conjunta (eurobonos). La cordialidad de los gestos superficiales entre París y Berlín, aún tiene que llenarse contenidos.

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