SELECCIÓN DE PRENSA INTERNACIONAL

Vigilancia: una amenaza para la democracia

The New York Times

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13-06-2013
http://www.nytimes.com/2013/06/12/opinion/surveillance-a-threat-to-democracy.html?partner=rssnyt&emc=rss&_r=0 http://www.nytimes.com/2013/06/12/opinion/surveillance-a-threat-to-democracy.html?partner=rssnyt&emc=rss&_r=0

Un nuevo encuesta de Pew Research Center-Washington Post encontró que la mayoría de los estadounidenses están imperturbables por las revelaciones sobre la red de la Agencia de Seguridad Nacional que recoge los registros telefónicos de millones de ciudadanos, sin ningún tipo de sospecha individual y con independencia de cualquier relación con una investigación antiterrorista. Tal vez la falta de un sentido más amplio de la alarma no sea del todo sorprendente dado que el presidente Obama, la senadora Dianne Feinstein, la presidenta demócrata de la Comisión de Inteligencia y funcionarios de inteligencia insisten en que este tipo de vigilancia es crucial para los esfuerzos antiterroristas de la nación.

Pero los estadounidenses no deben dejarse engañar por los líderes políticos que presentan una opción falsa. La cuestión no es si el gobierno debe perseguir vigorosamente a los terroristas. La pregunta es si los objetivos de seguridad se puede lograr por medios menos intrusivos y sin pisotear las libertades democráticas y los derechos básicos. Demasiado poco se ha dicho sobre esta cuestión por la Casa Blanca o el Congreso en su defensa de las escuchas de la NSA.

La colección subrepticia de "metadatos" –toda la información posible sobre cada llamada, excepto la palabras del contenido de las conversaciones– altera fundamentalmente la relación entre los individuos y su gobierno.

Este seguimiento de los estadounidenses, por cuánto tiempo hablan, y a dónde, pueden revelar información muy personal sobre un individuo. Utilizando estos datos, el gobierno puede descubrir detalles íntimos sobre el estilo de vida y las creencias de una persona – inclinaciones y asociaciones políticas, cuestiones médicas, la orientación sexual, los hábitos de culto religioso, e incluso las infidelidades conyugales. Daniel Solove, profesor de la Facultad de Derecho de la Universidad George Washington y un experto en privacidad, compara este programa a un cuadro de Seurat. Un solo punto puede parecer que no es gran cosa, pero muchos juntos crear un retrato lleno de matices.

Su efecto es minar los principios constitucionales de la privacidad personal y la libertad bajo la supervisión constante del gobierno. La Unión Americana de Libertades Civiles presentó una demanda el martes, cuestionando la constitucionalidad del programa, y tiene derecho a hacerlo.

La capacidad del gobierno para construir extensos dossiers digitales, secretos, en una escala tan masiva está totalmente en desacuerdo con la visión y la intención de los redactores de la Constitución que elaboraron la Cuarta Enmienda precisamente para prohibir búsquedas indiscriminadas que arrojan una amplia red para ver lo que puede ser capturado. También ataca los valores de la Primera Enmienda de libertad de expresión y de asociación.

En una democracia, la gente tiene derecho a saber qué técnicas están siendo utilizados por el gobierno para espiarles, cómo se están realizado los registros y por cuánto tiempo, quiénes tendrán acceso a ellos, y las medidas de seguridad para prevenir los abusos. Sólo entonces podrán evaluar las afirmaciones oficiales de que el equilibrio entre la lucha contra el terrorismo y la preservación de la libertad individual no ha sido quebrado, y decidir si están dispuestos a aceptar la disminución de su privacidad y libertad. Si los estadounidenses están tardando en reconocer la peligrosa extralimitación de vigilancia del teléfono de la NSA, es en gran parte debido a que tienen poca información para juzgar la conducta del gobierno.

Aunque la mayoría de los estadounidenses confían en que el Presidente Obama no abusará de sus datos personales, no se sabe quién va a ocupar la Casa Blanca o conducir operaciones de inteligencia en el futuro. La capacidad del gobierno para montar, mantener y compartir información sobre sus ciudadanos ha crecido exponencialmente desde los días en que J. Edgar Hoover, como director del FBI, reunió dosieres de líderes políticos y activistas para aumentar su propio poder y neutralizar a la disidencia. Las protecciones contra los diversos abusos que en esta era digital se pueden hacer en nombre de una verdadera amenaza terrorista tienen que ponerse al día.

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