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El callejón sin salida de EEUU y sus socios (1)
¿Crisis del euro o guerra financiera?
Debajo de la llamada crisis de la deuda soberana europea o crisis del euro, lo que se esconde en realidad es una guerra financiera sin cuartel desatada por Wall Street. En ella está en juego quién y cómo va a pagar la cuantiosa factura de la crisis desatada tras la caída de Lehman Brothers, cuánto ha de pagar cada uno y a qué ritmo debe hacerlo. Aunque el escenario abarca el planeta entero, su principal frente de batalla se encuentra ahora mismo en el frente europeo.
A. Lozano

Publicado el 19-12-2011
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Con su déficit actual de más del 10% anual, EEUU capta en un sólo año mas deuda que la acumulada por España en toda su historia
Que en 2011 el secretario del Tesoro norteamericano, Timothy Geithner, haya visitado Europa hasta en cuatro ocasiones y que Obama despache casi semanalmente con los principales líderes europeos, reclamándoles con insistencia medidas urgentes para atajar la crisis e impedir que afecte a la recuperación de su economía, es algo más que una simple declaración de intenciones.

En efecto, Europa vive sometida a un irrefrenable caos económico y político desde comienzos de 2010. Pero ¿cuáles son los factores que desencadenan estas continuas turbulencias? ¿Es exclusivamente un problema europeo, de su economía, de sus deficientes estructuras políticas o de la torpeza de sus dirigentes?

La deuda pública media de la eurozona alcanzará a finales de este año el 82% de su PIB. La de EEUU se situará en el entorno del 104%. El déficit público medio de los 17 países del euro será del 4%. El de EEUU rebasará ampliamente el 10%. Y sin embargo, es la deuda pública europea la que está en el ojo del huracán, mientras EEUU paga por la suya unos intereses nimios. ¿Por qué?

Para contestar a esta pregunta hay que remitirse a tres elementos centrales de la actual distribución del poder mundial (tanto político-militar como económico), sin los cuales es imposible entender este aparente contrasentido ni explicar las convulsiones políticas y financieras que atraviesa la UE.

El agujero negro
Lo primero que es necesario despejar es la interesada confusión creada en torno al problema de la deuda pública. Los medios de comunicación no paran de hablar de lo insostenible de las deudas de los antiguamente llamados países PIGS y ahora periféricos del sur de Europa. Grecia con un 140% de deuda pública sobre su PIB, Italia con un 120% o España con un más modesto 65%. Pero basta con hacer unas pocas cuentas para aclarar lo que esto significa.

Para empezar, con su déficit actual de más del 10% anual (es decir, 1 billón y medio de dólares), EEUU capta en un sólo año mas deuda que la acumulada por España en toda su historia, que no llega al billón de dólares.

En sólo dos años, EEUU se endeuda más que Italia desde la Segunda Guerra Mundial. Aproximadamente cada trimestre, el Tesoro USA lanza al mercado bonos de deuda por un valor igual a toda la deuda pública de Grecia. Podríamos seguir desgranando más datos, pero como muestra basta un botón.

"Debajo de la crisis del euro se esconde la guerra financiera desatada por Wall Street" Acuciada por la irresoluble contradicción de un peso económico en el mundo cada vez menor y unas crecientes necesidades de financiación del gigantesco aparato político-militar que le asegura su hegemonía, la economía yanqui es desde hace décadas un caballo desenfrenado galopando frenéticamente en busca de financiación exterior.

Y esta contradicción no ha hecho más que agudizarse hasta el infinito con el estallido de la crisis en Wall Street. Desde 2008, el Tesoro y la Reserva Federal se han visto obligados a proporcionar billones de dólares de dinero estatal a sus grandes bancos y multinacionales, para impedir que caigan en la quiebra y/o sean absorbidos por sus pujantes rivales de otras zonas de planeta.

EEUU necesita expulsar del mercado mundial de capitales donde se negocian los títulos de deudas de todo tipo al mayor número de competidores, porque los precisa para si mismo. Y debe hacerlo además en unos momentos en que esos mercados de capitales están hoy más restringidos que antes y siguen aún amenazados por los mismos factores que desencadenaron la crisis de 2008. Lo que explica la virulencia de la lucha por hacerse con ellos.

El sistema bancario en las sombras
Se ha convertido casi en un lugar común situar el origen de la crisis en el estallido de la burbuja inmobiliaria de EEUU. Esto es cierto, pero sólo en parte. Efectivamente, la desaceleración del mercado de la vivienda fue su factor desencadenante, pero el factor dirigente que transformó el estallido de una burbuja en un caos global fueron las maquinaciones financieras ideadas por Wall Street en torno a las hipotecas subprime y el colapso de lo que la misma Reserva Federal de Nueva York bautizó como el “sistema bancario en las sombras”, conocido también como el Nuevo Sistema de Wall Street (NSWS).

En agosto de 2007, justo en vísperas de la primera caída, la de Bearn Stearns, el volumen de crédito intermediado por este sistema bancario en las sombras estaba próximo a los 20 billones de dólares, es decir casi el doble de los 11 billones que intermediaba el sistema bancario tradicional. Pero además, de estos 20 billones, el 70%, es decir, 14 billones, eran préstamos, complejos instrumentos de deuda, operaciones fuera de balance y contratos de derivados basados en un volumen total de sólo 1,4 billones de dólares en hipotecas subprimes.

Una gigantesca pirámide financiera invertida cuya enorme cúspide estaba sostenida por una ínfima base, dotada además de una precariedad insostenible. Cualquier viento en contra amenazaba con echarla abajo, como efectivamente ocurrió.

¿De dónde ha salido este sistema financiero en las sombras, cuál es su función, que papel ocupa en la distribución del poder financiero mundial?

A mediados de los años 80, la política económica de liberalización financiera impuesta por Reagan a un gran número de países, eliminó de cuajo los controles de capital y abrió el resto de sistemas financieros a los operadores estadounidenses. Unos cambios diseñados para abrir un sinfín de oportunidades a Wall Street para una masiva expansión de su actividad inversora, lo que a su vez se convertiría en una fuente crucial de beneficios para los bancos y entidades financieras.

Hasta el punto que tres décadas y media después de aquello, las actividades financieras representan el 41% de los beneficios empresariales totales de EEUU, una cifra brutal si la comparamos con el 8% que suponían en los años 50. Y que explica la necesidad absoluta para la oligarquía financiera yanqui de mantener una hegemonía exclusiva –o casi, pues sólo la comparte con la City londinense– sobre el sistema financiero internacional.

El nuevo sistema de Wall Street
Las características de este nuevo sistema de dominio y expansión financiera de Wall Street se pueden resumir en cuatro puntos.

En primer lugar,  la utilización de la especulación financiera a gran escala sobre la base del estímulo de burbujas del precio de los activos. Acompañándole, una tendencia creciente a multiplicar los niveles de endeudamiento hasta extremos nunca vistos antes. Lo cual, a su vez, exigió el surgimiento del sistema bancario en la sombra, con su sucursal en la City londinense, encargado de poner en marcha las innovaciones que serían conocidas como “ingeniería financiera”. Y, en consecuencia con todo ello, la nueva importancia adquirida por los productos crediticios derivados.

"Bancos y sociedades de inversión de Wall Street generaron activamente una burbuja tras otra" Todos estos cambios, cuyos distintos elementos se fortalecieron recíprocamente a lo largo de los 80 y los 90, acabaron constituyendo en la primera década del siglo XXI un conjunto tan integrado como complejo, que fue el que estalló a lo largo de 2008.

En todas las crisis regionales y sectoriales ocurridas desde mediados de los años 80 –la crisis del sistema monetario europeo, la de los bonos rusos, el tequilazo, la implosión del sudeste asiático, la crisis de las puntocom,...– es posible rastrear un mismo patrón de desarrollo.

Dirigidos por los 5 grandes de la banca de inversión norteamericana (Goldman Sachs, Morgan Stanley, Lemhan Brothers, Merrill Lynch y Bearn Stearns), y con el ariete de las tres grandes agencias calificadoras (Standar & Poor´s, Moodys y Fitch), los operadores de Wall Street han dirigido durante estas tres décadas sus inversiones hacia puntos específicos, donde su entrada masiva provocaba durante unos años alzas espectaculares del valor de los activos, engendrando así una enorme burbuja especulativa.

En el momento álgido de la burbuja, cuando más altos estaban los valores, deshacían sus posiciones, vendiendo a un alto precio y con una alta ganancia lo que sólo unas semanas después se iban a convertir en activos-basura sin ningún valor. La jerga de Wall Street tiene incluso acuñada una expresión para ello: “M. H. I. - T. H. I.”. Lo que viene a significar que en el momento del crash, “Yo me habré ido y tu te habrás ido”. Las pérdidas correrán a cargo de los demás, de los países afectados y de todos aquellos ahorradores incautos que corrieron a depositar su dinero deslumbrados por las alzas espectaculares del valor de los activos y la promesa de sus altos rendimientos.

¿Neoliberalismo? No, cártel monopolista
En sintonía con las instituciones reguladoras norteamericanas y británicas, que crearon las condiciones legales que permitían actuar de ese modo, bancos y sociedades de inversión de Wall Street de todo tipo generaron activamente una burbuja tras otra, con la idea de que el mejor modo de gestionar una implosión era lanzar otra burbuja dinámica en otro sector: tras la burbuja de los tigres asiáticos, la de los títulos tecnológicos, después la burbuja inmobiliaria, tras ésta, la burbuja en los precios de la energía, de los alimentos o la burbuja de los mercados emergentes, etc.

En contra de la extendida idea del “poder omnímodo de los mercados” como entes abstractos y difusos, este comportamiento pone de manifiesto un formidable poder financiero extremadamente concentrado y centralizado operando en el corazón de los mercados.

Y así es en efecto: el llamado Nuevo Sistema de Wall Street ha estado históricamente dominado por tan solo cinco bancos de inversión, con unos activos disponibles de más de 4 billones de dólares y capaces de movilizar literalmente otras decenas de billones de los bancos comerciales, los fondos del mercado monetario, los fondos de pensiones, etc. Un sistema, por tanto, que no es en absoluto un mercado descentralizado con miles de actores dispuestos a jugar en las mismas condiciones.

Y mucho menos, como se nos ha querido hacer creer por algunos, en especial por el pensamiento socialdemócrata, un mercado arrasado por una falsa ideología ‘neoliberal’. Antes al contrario, estamos en presencia de un verdadero híper-cártel financiero operando de forma conscientemente monopolista sobre los mercados de capitales y los sistemas financieros del planeta entero.

Justamente, la existencia de este auténtico cártel financiero, sumado a la fuerza de la escala y del crecimiento del endeudamiento, tuvo como consecuencia inevitable el impulso a crear y a expandir un sector bancario en las sombras. Sector formado por unos bancos de “nuevo tipo” totalmente al margen de cualquier regulación y sin ningún control.  Hedge funds, private equity groups, special investment vehicles, conduits y otro tipo de instituciones creadas por Wall Street han actuado en los hechos como bancos activos en el mercado, pero no sometidos a ningún tipo de control, exigencia o requisito acerca de su capacidad de endeudamiento, del capital necesario para responder de sus operaciones,...

"Estamos en presencia de un verdadero cártel financiero operando de forma conscientemente monopolista" Fue el entonces ministro del Tesoro británico, Gordon Brown, quien institucionalizó en 1997 todo este entramado oculto con la creación de la Autoridad de Servicios Financieros: con su nueva legislación, el sistema bancario en las sombras pasó a operar legalmente de acuerdo con ‘principios’ y no sometidos a normas y preceptos vinculantes como el resto del sistema bancario.

El más importante de estos principios fue que este tipo de instituciones creadas por Wall Street podían regularse a sí mismos. Como alguien acertadamente ha dicho, de este modo Londres se convirtió para Nueva York en algo así como la Bahía de Guantánamo para Washington: el lugar en el que podía hacerse en el exterior lo que no podía hacerse en casa.

Así es más fácil entender por qué David Cameron ha decidido no sumarse al nuevo tratado de la UE que podría implicar nuevas y más rigurosas regulaciones para la City londinense. Y es que si en EEUU los beneficios del sistema financiero suponen un 41% de los beneficios empresariales, los británicos no le van a la zaga, pues suponen el 36%.

En la próxima entrega, además de ver en concreto cómo fue el estallido de este sistema bancario en las sombras el que desató la crisis, nos detendremos en la otra pata sobre la que se sostiene la hegemonía financiera de Wall Street, el papel de dólar como núcleo del sistema monetario mundial. Para concluir cómo son las maquinaciones de la oligarquía financiera yanqui –sostenidas y respaldadas por su poderoso Estado– las que están detrás de todas las turbulencias económicas planetarias, y, específicamente, de la llamada crisis del euro.



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