Notice: Undefined index: titulo in /var/www/vhost/deverdaddigital.com/home/html/pagArticle.php on line 9 De Verdad Digital | La filosofía, lucha de clases en la teoría
El carácter de clase de la filosofía
La filosofía, lucha de clases en la teoría
Cada toma de posición en el terreno filosófico está hecha desde una toma de posición de clase. Es por esto por lo que decimos que, en última instancia, la filosofía es lucha de clases en la teoría

Publicado el 16-12-2009
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El punto de partida de los mismos seminarios que organizamos es filosófico. ¿De dónde provienen las ideas? ¿Caen del cielo, son innatas o vienen de la práctica? Desde una posición se puede conocer la realidad, desde la otra no. Esta es una línea de demarcación básica entre el materialismo y el idealismo, por eso Mao empieza el texto por ahí.
Frente a la idea de la filosofía como especulación pura y por lo tanto "neutra", ajena a la lucha de clases, todas las filosofías tienen carácter de clase. Están hechas desde una posición de clase y sirven a unos intereses de clase. Y esto es así no sólo para el materialismo dialéctico, que afirma explícitamente que está al servicio del proletariado, sino también para las distintas corrientes y tendencias filosóficas de la burguesía.
La burguesía francesa de los siglos XVII y XVIII se vio obligada a desplegar una feroz batalla en el terreno de las ideas, en el terreno filosófico. Desarrollando frente a la poderosa clase feudal y su idealismo teológico, el materialismo filosófico que, como dice Lenin, “se mostró como la única filosofía consecuente, fiel a todo lo que enseñan las ciencias naturales, hostil a la superstición, a la mojigata hipocresía, etc”. Sin embargo, determinado por su posición y sus intereses de clase explotadora, el materialismo filosófico de la burguesía francesa tenía unos límites bien estrictos. Además de ser un materialismo de tipo mecanicista –que reduce los cambios al aspecto cuantitativo y a la acción de fuerzas externas–, estaba limitado y reducido, exclusivamente, al terreno de las ciencias naturales, pues en el terreno de las ciencias sociales la burguesía siempre ha sido y sólo puede ser idealista. Si en el terreno del conocimiento de la naturaleza sus tendencias y corrientes filosóficas abrían las puertas a la existencia y el conocimiento de unas leyes objetivas, exteriores e independientes de los hombres, en el terreno de la historia todo estaba sujeto a la voluntad de “el Hombre” y su “libertad personal”.

Esta categoría filosófica de “el Hombre”, como ente dotado de una esencia inmutable y centro absoluto del desarrollo histórico, se convierte así en uno de los núcleos en el que descansan todas las corrientes filosóficas burguesas humanistas e idealistas. No es difícil encontrar la relación directa que existe entre el nódulo central de la ideología burguesa –el individuo– y la categoría filosófica burguesa de “El Hombre”. A través de ella, el humanismo –es decir, la filosofía– ayuda a sustentar, a reforzar, a fijar el nódulo central de la ideología burguesa como el dominante, incluso en el seno mismo del movimiento obrero y revolucionario mundial y de las propias organizaciones marxistas.

“Pienso luego existo”, dice uno de los grandes filósofos de la burguesía revolucionaria, Descartes. “Las ideas vienen de la práctica social”, dice Mao Tsé Tung.

Pese a que en la primera parte de la formulación de la tesis ambas utilizan las mismas categorías filosóficas (Idea-Espíritu-Conciencia/Materia-Existencia-Práctica) son sin embargo dos tesis filosóficas opuestas, de naturaleza antagónica. Puesto que cada una de estas categorías ocupa, en su relación, una posición distinta. La primera, la burguesa, es puro idealismo al otorgar a la Conciencia una relación de determinación, de “dominio” por así decirlo, sobre la Materia. Antepone el tener conciencia de la existencia a la misma existencia, el pensar al ser, la idea a la materia. Por el contrario, Mao da a vuelta a esta relación, adoptando una posición materialista y otorgando la primacía a la Materia sobre la Idea, a la práctica sobre la conciencia, al ser sobre el pensar. Tomar una u otra posición, la del materialismo la del idealismo, tiene unas consecuencias prácticas de primer orden para el conocimiento del mundo y, por tanto, para su transformación.

Por ejemplo, el punto de partida de los mismos seminarios que organizamos es filosófico. ¿De dónde provienen las ideas? ¿Caen del cielo, son innatas o vienen de la práctica? Desde una posición se puede conocer la realidad, desde la otra no. Esta es una línea de demarcación básica entre el materialismo y el idealismo, por eso Mao empieza el texto por ahí. Si no se toma esa posición en el terreno filosófico no se puede abordar lo demás.

Pero además, en esa misma tesis aparece, junto a las categorías filosóficas comunes una categoría filosófica nueva y radicalmente distinta a las usadas por la burguesía. Mao no dice sólo que las ideas vienen de la práctica, añade que provienen de la práctica social. Con ello está haciendo desaparecer la categoría filosófica burguesa de “el Hombre” como “Sujeto” dotado de una “Conciencia”, de un “Espíritu” gracias al cual existe. Y en su lugar, el materialismo dialéctico hace aparecer una categoría nueva, la práctica social, radicalmente materialista, porque sitúa el proceso de conocimiento en una realidad objetiva, exterior e independiente de la voluntad de cualquier hombre.

“Los hombre hacen su propia historia, dice Marx, pero no la hacen a partir de elementos libremente elegidos, en circunstancias para ellos elegidas, sino en circunstancias que encuentran inmediatamente ante ellos, dadas y heredadas del pasado” (El 18 Brumario de Luis Napoleón Bonaparte).

“En la producción social de su vida, los hombres contraen determinadas relaciones necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción que se corresponden a una determinada fase de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. El conjunto de estas relaciones de producción forma la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se eleva un edificio jurídico y político y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida material determina el proceso de la vida social, política y espiritual en general. No es la conciencia del hombre la que determina su ser, sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia. (Prólogo de la Contribución a la crítica de la economía política)

Una experiencia práctica del Movimiento Comunista Internacional nos puede ayudar a comprender la excepcional importancia práctica en la lucha de clases que tiene la filosofía y su relación con la ideología.

En la Gran Revolución Cultural Proletaria, partiendo de las tesis del materialismo dialéctico, que afirman que la contradicción es universal, que está en todos los procesos y que los recorre de principio a fin, Mao Tsé Tung y el Partido Comunista Chino aplican este punto de vista revolucionario al propio Estado proletario, al mismo proceso de construcción del socialismo. Si necesariamente uno se divide en dos, también el Partido Comunista y el Estado socialista se divide entre la naturaleza proletaria y la burguesa, entre los cuadros seguidores de la vía capitalista y los cuadros seguidores de la vía socialista. Y, por tanto, avanzar en la revolución y en la construcción del socialismo exige combatir a la línea burguesa, a los cuadros seguidores de la vía capitalista. Sólo desde la filosofía del proletariado, sólo desde el materialismo dialéctico pudo darse este gran salto en el materialismo histórico: el conocimiento de las leyes sobre la continuación de la revolución bajo las condiciones de la dictadura del proletariado. El combate que el PCCh había llevado en Yenán en 1937 contra las corrientes metafísicas dominantes en la IIIª Internacional, educándose y educando a las masas en el materialismo dialéctico, están en la base de adoptar este punto de vista revolucionario en la misma construcción del socialismo. Esto es lo que quiere decir que la ideología sin teoría se extravía.

Pero, a su vez, esto tampoco hubiera sido posible sin poner la ideología proletaria en el puesto de mando: partiendo de la tesis central del marxismo de que la lucha de clases es el motor de la historia y lo recorre todo, atreviéndose a trazar el propio camino nadando contracorriente de las concepciones y posiciones dominantes en el Movimiento Comunista Internacional, aunque ello significara romper y enfrentarse con la unánimemente considerada “madre patria del socialismo”, partiendo de las propias fuerzas, dirigiéndose audazmente a las masas para que ellas tomen los asuntos en sus manos y se liberen a sí mismas, confiando plenamente en su ilimitada energía revolucionaria y considerándolas como los verdaderos héroes de la historia.

Sólo desde esta posición de clase proletaria podía desarrollarse este punto de vista revolucionario. Esto es lo que quiere decir que se conoce desde una posición y que la ideología, la toma de posición de clase, determina la filosofía.

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