SELECCIÓN DE PRENSA NACIONAL

La Vanguardia
Podemos y Catalunya
Por Enric Juliana [publicado el 22-10-2014]

La convocatoria de elecciones anticipadas en Catalunya, en estos momentos bastante probable, aunque no del todo segura, tendría una gran dimensión experimental, llámense o no plebiscitarias. Ese carácter plebiscitario no lo van a decidir, de antemano, ni la Generalitat, ni los partidos, ni las asociaciones cívicas que hoy actúan como partidos en Catalunya, ni los medios de comunicación, no siquiera las redes sociales. El carácter y significación de unas elecciones lo deciden libremente los ciudadanos con su voto. Esos comicios anticipados podrían alcanzar, o no, cierto carácter plebiscitario, pero constituirían, con toda seguridad, el mayor experimento político en la España en crisis.

Esas elecciones anticipadas, en diciembre o enero del año que viene, abrirían las urnas – las urnas de verdad– en el momento más álgido e impredecible del enfado social por el mal funcionamiento de la política profesional y las instituciones. Elecciones en la segunda área metropolitana de la península en el peor momento de la más difícil de las tres crisis hoy en curso: la crisis económica, la crisis de Catalunya con el Estado español y la crisis en la moral pública.

Experimento Catalunya, como otras veces en la historia. Elecciones en el momento de máxima eclosión de la Tangentópolis española, que también es la Tangentópolis catalana, Cada semana, un nuevo escándalo, como mínimo. Ayer fue imputado por manejo de dinero negro el ex ministro del Interior y ex secretario general del Partido Popular, Ángel Acebes. Dinero de la ‘caja B’ del PP para, entre otras actividades, financiar Libertad Digital, el portal del periodista Federico Jiménez Losantos, uno de los más destacados pirómanos de la España reciente. Un agitador protegido durante años por el cardenal Antonio María Rouco Varela, hasta que el Vaticano decidió parar los pies a la Cope incendiaria. Ayer también se supo que la justicia de Liechtenstein investiga a Jordi Pujol por presunto blanqueo de dinero. Y pronto vendrá la investigación fiscal de Catalunya Caixa. Momento de máximo voltaje.

El experimento del 2012, que CiU no supo ver
Las anteriores elecciones catalanas, en noviembre del 2012, ya tuvieron un marcado carácter experimental, que Artur Mas, sus asesores, sus consejeros y su equipo de campaña no supieron captar en toda su profundidad en el momento de decidir el anticipo. Era la primera vez que se abrían las urnas en la fase más intensa de la política de austeridad en España. Un despliegue de recortes particularmente intenso en Catalunya, en el campo de la sanidad y la enseñanza. La gente tuvo la oportunidad de ir a votar mientras caían chuzos de punta sobre sus intereses materiales Votó soberanismo, mayoritariamente -sin desbordar excesivamente el caudal de voto nacionalista del 2010-, pero no quiso concentrar su voto en Convergència i Unió.

CiU perdió 12 diputados y Esquerra Republicana ganó 11. Sumados, ambos partidos perdieron un diputado en relación a la anterior convocatoria. Los avatares de la actual legislatura catalana son fruto de aquella reestructuración del voto nacionalista/soberanista, en buena parte motivado por el malestar por los recortes. Muchos electores no quisieron dar plenos poderes al partido que tenía la tijera podadora en las manos y que defendía su uso con rigorismo jansenista, casi luterano. En aquel tiempo, el presidente de la Generalitat, un hombre educado en la escuela cartesiana francesa y con notable apego a la disciplina, profesaba el credo merkeliano con más devoción que ahora. Ahora estamos en vísperas de un Partit del President casi de centroizquierda. Lo veremos muy pronto. Adiós neoliberales catalanistas, adiós. El nuevo referente del grupo dirigente catalán es hoy, en lo social, el primer ministro italiano Matteo Renzi: camisa blanca, determinación, eficacia, discurso de la equidad y Twitter.

El 14 de noviembre del 2012, diez días antes de las elecciones, el equipo de Mas no supo leer la gran manifestación de protesta que recorrió las calles de Barcelona. Los sindicatos habían convocado huelga general contra la gestión de la crisis, al unísono con los sindicatos portugueses. La huelga general ibérica. El paro fue irregular en toda España, pero la manifestación más numerosa fue la de Barcelona. A un sector del nacionalismo/soberanismo catalán la interferencia de lo ‘social’ le molesta profundamente. Es algo que viene de lejos. En 1936, un núcleo de Estat Català conspiró activamente contra el presidente Lluís Companys por la proximidad de este con los sindicatos. Hay un libro muy interesante al respecto: “Contra Companys, 1936” (Universitat de València, 2012), coordinado por los historiadores Enric Ucelay-Da Cal y Arnau Gonzàlez Vilalta.

Mercado único de la indignación en España
En noviembre del 2012, la directiva de CiU no supo leer el significado de esa manifestación –y si lo supo, ya era demasiado tarde- y ahora podría ser que los principales dirigentes del bloque soberanista –no sólo los de Convergència- ignorasen la existencia de un mercado único de la indignación social en España.

La teoría de la desconexión de la sociedad catalana respecto de los avatares del resto de la sociedad española no es cierta. Es, en mi opinión, una incorrecta apreciación de la realidad social. Con toda seguridad existe ‘desconexión’ entre la intelectualidad nacionalista y en sectores sociales de intenso activismo. Pero nunca hay que confundir la parte con el todo. La realidad, como siempre, es bastante más compleja. Pondré un ejemplo. La semana pasada en la residencia sanitaria Germans Trias (Can Ruti) de Badalona, había unos carteles convocando una asamblea, cuyo primer punto llevaba por titulo: “Tots som Teresa”, en referencia a Teresa Romero, la enfermera gallega infectada de ébola en el hospital Carlos III de Madrid. El sistema sanitario público catalán es orgánicamente independiente del madrileño y, sin embargo, Teresa conmueve. Si el contagio su hubiese producido en un hospital de Toulouse no habría carteles en Can Ruti diciendo “Nous sommes tous avec Thérèse”. Hay en estos momentos un mercado único de la indignación en España y el nuevo operador político en ese mercado se llama Podemos.

Posibles elecciones anticipadas en Catalunya en el momento en que cristaliza y toma consistencia un nuevo vector: el vector Podemos. El partido de la protesta, el Partido de la Ira. Podemos está dando el primer paso para configurarse como una organización política estable, con estructuras de carácter vertical, y a lo largo de esta semana 150.000 inscritos votarán las líneas maestras del programa y de los criterios de funcionamiento. El ‘hastag’ de apoyo a Pablo Iglesias en twitter fue tendencia ayer en Barcelona. Los resultados de la votación, el próximo lunes.

Podemos, vector fuerte en el área metropolitana
Podemos es en estos momentos la principal novedad de la política española, con incidencia en Catalunya, muy particularmente en los barrios más periféricos de la ciudad de Barcelona y en los municipios del área metropolitana. Los círculos de Podemos han surgido en la Gran Barcelona que hace años votaba mayoritariamente a socialistas y comunistas. Después de una primera prueba en las europeas del pasado mes de mayo, hay mucha gente con la papeleta de Podemos entre los dientes esperando a que abran los colegios electorales. Es probable que sea Artur Mas i Gavarró, presidente de la Generalitat, el primero en hacerlo. Experimento Catalunya. Alto voltaje.

Las encuestas más recientes otorgan a esa nueva corriente radical-democrática, con sesgos populistas, unos 50 diputados en unas elecciones generales. Un resultado que desbarataría definitivamente el esquema binario de la política española y abriría nuevos escenarios en las Cortes, obligando, quizás, a un pacto de gran coalición PP-PSOE. Esa es hoy la tendencia.

El actual grupo dirigente de Podemos –el ‘triunvirato’ formado por Pablo Iglesias, Juan Carlos Monedero e Íñigo Errejón– concede mucha importancia a la política catalana e intentará tener ficha en el nuevo tablero si hay anticipo electoral. Tienen mentalidad estratégica. Hay, al menos, dos trabajos demoscópicos recientes que otorgan unos 12 diputados catalanes a Podemos, si las elecciones al Parlament se celebrasen hoy, con el actual sistema de partidos. Esos doce diputados podrían dejar medio noqueada a ICV-EUiA (el equivalente catalán de Izquierda Unida), empujando a la suma de CiU y ERC por debajo de los 68 diputados. Los dos partidos principales del nacionalismo/ soberanismo /independentismo podrían no alcanzar la mayoría absoluta. En el Palau de la Generalitat tienen constancia de estas proyecciones.

El ‘Partit del President’
Evidentemente, estas estimaciones deben ser matizadas. En estos momentos, con unos porcentajes de fidelidad de voto muy bajos para los partidos principales, los sondeos hay que cogerlos con pinzas. Siempre hay que hacerlo y ahora más que nunca. En caso de elecciones anticipadas, CiU, con toda probabilidad, no acudirá a las urnas con ese nombre. CiU ha muerto como marca electoral en el interior del cráter Jordi Pujol. Creo que nunca más veremos papeletas con el anagrama de CiU en los colegios electorales. Está surgiendo el ‘Partit del President’ que tomará otro nombre e incorporará a numerosos independientes, con o sin Unió (en mi opinión con Unió). CDC también quiere sumar a ERC en la gran lista –“lista de país” en el argot- y esta no quiere y busca la manera de escabullirse. Esa es una de las causas de la increíble película de los hermanos Marx que esta semana está viviendo la política catalana. Haya o no lista unitaria del nacionalismo/soberanismo, el ‘Partit del President’ será una de las dos novedades de las elecciones anticipadas, si finalmente se convocan. La otra novedad será Podemos.

Podemos querrá presentarse en Catalunya. Estratégicamente no pueden renunciar al tablero catalán. Deberán encontrar la fórmula –solos o acompañados-, definir un programa y seleccionar un candidato o candidata capaz de competir con figuras ya muy conocidas por los electores. No es fácil y teóricamente no hay mucho tiempo para ello. La marca Podemos es hoy fuerte, pero en unas elecciones la figura del candidato cuenta mucho. Ellos lo saben bien e imprimieron el rostro de Pablo Iglesias en las papeletas electorales de las recientes europeas. El ‘triunvirato’ de Podemos deberá aguzar el ingenio si quiere estar en el tablero estratégico catalán.

Podemos es hoy el décimo pasajero de la política catalana. No se le ve, pero se le intuye. ICV les tiene pánico. ERC teme ver bloqueado su avance en el área metropolitana de Barcelona. La joven CUP –que estos días está demostrando una gran agilidad política- está incómoda. Los socialistas, demediados, ven venir otra sisa. Ciutadans está que trina con el partido que ha interceptado el ascenso de Albert Rivera al Olimpo del regeneracionismo.

¿Elecciones plebiscitarias? Experimento Catalunya. Experimento metropolitano.



Público
¿Qué pasaría si no pagásemos la deuda?
Por Carlos Sánchez Mato y Gemma Tarafa [publicado el 22-10-2014]

La deuda española sigue estando en situación crítica. La mejora de los tipos de interés a los que se financia el Estado español ha sido considerable en el último año. Sin embargo, esa mejora de los costes de financiación de las nuevas emisiones de deuda pública y la reducción de la prima de riesgo no revelan una mejora de la solvencia de las administraciones públicas. Solamente el rescate por la puerta de atrás [1],  del que se han beneficiado las economías de la periferia europea, explica que podamos seguir refinanciando nuestra enorme deuda.

No obstante, ese auxilio no solo no ha solucionado el problema, sino que lo ha convertido en mucho más peligroso. En vez de abordar una política de reducción de la deuda pública a gran escala, se ha optado por una operación de salvamento que no ha sido más que una cortina de humo en búsqueda del verdadero objetivo, el rescate al sector bancario internacional.

Para ello se ha utilizado como herramienta la ilimitada financiación a las entidades bancarias privadas para que acudan a las subastas de la deuda soberana. Los bancos han destinado el dinero del Banco Central Europeo a la compra de deuda pública y a pagar los créditos con los que financiaron la burbuja. Eso les ha permitido obtener, a costa de las administraciones públicas, elevadísimos beneficios, pero en monto insuficiente para restablecer su solvencia.

La política implementada no ha ido acompañada de la adecuada depuración de los activos dañados y hay más dudas que certezas sobre el valor real de los activos bancarios. El segundo efecto de este rescate ha sido el cierre del crédito que sufre el sector privado, ya que para las entidades bancarias es mucho menos arriesgado comprar deuda soberana en vez de prestar recursos a empresas y familias sobreendeudadas.

Pero esto ha repercutido negativamente en los estados financieros de los bancos, ya que el estrangulamiento de familias y empresas ha supuesto un fuerte incremento de la morosidad y el debilitamiento de los balances bancarios. El círculo vicioso se completa con la profunda debilidad estructural de la deuda pública que han adquirido las entidades bancarias y que, paradójicamente, tienen la consideración para éstas de “activos libres de riesgo”.

El resultado supone una verdadera bomba de relojería, de la que solamente podemos dudar una cosa: el momento de su estallido [2].

El cóctel explosivo se completa con el rápido crecimiento de la deuda directa, de los avales y el déficit primario existente antes del pago de intereses motivado por la infrafinanciación de las administraciones públicas como consecuencia de políticas fiscales regresivas y una escandalosa permisividad ante el fraude y la elusión fiscal. La guinda es un endeudamiento externo de la economía española, que se ha situado en cifras máximas y que ya no existe capacidad de reducir el precio que se paga por el enorme endeudamiento existente, por lo que la verdadera espada de Damocles es el riesgo de subida de los tipos de interés.

El tratamiento aplicado no tiene capacidad más que de paliar parte de los síntomas de la enfermedad del sobreendeudamiento que aqueja a las economías europeas y, de forma extrema, a la española. La banca europea y, en concreto la española, sigue estando en situación de insolvencia y, al mismo tiempo, es la que financia los desequilibrios insostenibles de las administraciones públicas.  Para que las entidades bancarias puedan resistir, se acude en su auxilio con mecanismos que suponen una transferencia de recursos desde el ámbito público y eso compromete la solvencia de la deuda pública y agudiza por tanto los desequilibrios de los bancos.

Para romper ese perverso vínculo entre gobiernos y entidades bancarias es preciso enfrentarse a una cruda realidad: tanto entidades bancarias como administraciones públicas no podrán pagar sus deudas y será inevitable que tengan que aplicar quitas a sus acreedores para hacerlas sostenibles. No bastará con lo anterior, ya que, para alcanzar un nivel de sostenibilidad en la deuda, sería imprescindible realizar reducciones y quitas en las que asfixian a las familias, actuando de forma inmediata sobre la deuda hipotecaria fruto de la adquisición de la vivienda habitual de las familias en riesgo de exclusión.

Además del escenario de insostenibilidad de la deuda pública, hay que añadir la cuestión de su ilegitimidad. Esta realidad obliga a los ciudadanos a plantear la opción del impago como herramienta de salud democrática. Se trata de una condición necesaria para resolver la actual situación, pero no suficiente para evitar su reproducción.

Solo nacionalizando la mayor parte del sector financiero de manera definitiva se puede romper el círculo vicioso y se pueden poner a salvo los ahorros de la sociedad para dirigirlos a destinos diferentes de los marcados por la deriva suicida del hipertrofiado sistema bancario. Hay que evitar que estas quitas se lleven a cabo con pactos de despacho.

Debemos incorporar las finanzas a la nueva cultura democrática que emerge en el Estado y exigir transparencia y participación ciudadana. La auditoría ciudadana, como reclama la Plataforma Auditoría Ciudadana de la Deuda (PACD), debe permitir aclarar qué deudas injustas, y por tanto ilegítimas, podrían ser las que se identificaran con estas necesarias quitas para recuperar la salud del sistema económico y democrático.

Cuando esto se plantea, nos  enfrentamos a la acusación inmediata de que esta medida nos sumiría en el caos más absoluto. Nos mienten una vez más tal y como nos demuestran las historias de los estados que se han enfrentado a los mercados cancelando deuda y aplicando restricciones a los flujos de capitales en los últimos años.

Casos como los de Malasia, Ecuador e Islandia, y como el de Argentina en la lucha en la actualidad por defender su soberanía frente a los fondos buitre, son ejemplos exitosos de ello. Olvidan conscientemente que, el enorme endeudamiento de la economía española podría jugar a nuestro favor si existe una firme voluntad política de que el proceso de impago beneficie al conjunto de la población y no a los responsables de lo ocurrido.

Sí que sería un caos pero, por primera vez en esta crisis, para las élites.

El Confidencial
¿Qué pasa el día después del 9-N?
Por Joan Tapia [publicado el 22-10-2014]

El pasado miércoles decía que la ruptura de la unidad del frente soberanista y la necesidad de renunciar a la consulta y ‘tragar’ la suspensión decretada por el Constitucional eran dos serios reveses para Artur Mas. Pero que el líder convergente –premio a la combatividad y aspirante al de la temeridad– no tiraba la toalla, y como buen prestidigitador –Salvador Sostres en El Mundo le calificó de trilero– había transformado la consulta del 9-N “con todas las garantías democráticas” en un “proceso participativo” sin censo electoral y con las mesas electorales y la organización controladas por voluntarios. Independentistas, por supuesto.

Ocho días después la situación de Mas ha empeorado –nadie cree seriamente en la pseudoconsulta– pero el president sigue. Tampoco nadie en el frente independentista va a combatir la pseudoconsulta porque ello conllevaría un ridículo público descomunal. Y CDC todavía puede esperar que la movilización por el 9-N –los que se manifiestan cada 11 de septiembre no deberían fallar– pueda recomponer algo de la unidad independentista y –quizás– le permita todavía convocar unas elecciones plebiscitarias con lista única. Pero de momento la combatividad arroja pocos dividendos.

En CDC se esperaba que el acto central de la campaña “Ara es l´hora”, montada por la ANC de Carme Forcadell y Òmnium Cultural, que preside Muriel Casals, fuera una palanca de presión para que ERC rectificara. Nada de nada. Carme Forcadell se limitó a pedir unidad a las fuerzas independentistas, sin aclarar si a través de la lista única, como quiere Mas, o a través de varias listas, como proponen ERC, ICV y las CUP. Y encima lanzó la bomba al exigir –para apoyar la pseudoconsulta del 9-N– que el president se comprometa a convocar elecciones anticipadas dentro de tres meses.

Me dicen que el lenguaje corporal de Helena Rakosnik (esposa del presidente y un modelo de mujer discreta y contemporizadora) al oír la exigencia de Forcadell fue un poema. Y es que la exigencia es un torpedo a la línea de flotación de CDC.

El president dijo el martes pasado –y lo repitió el domingo en una larga entrevista con Xevi Xirgo, el director de El Punt–, que no convocaría elecciones si antes los partidos (se refería a ERC porque sabe que la unidad con ICV y las CUP es imposible y no le interesa) no se comprometían a una lista única. Y el president tenía aquí un arma de presión sobre ERC: si el objetivo es votar la independencia te ofrezco la posibilidad a través de una lista única independentista en unas elecciones plebiscitarias; si rechazas la oferta es que no quieres la independencia sino que ERC gane.

Pues bien, “las nenas” –me dicen que la cantante Nuria Feliú, de CDC de toda la vida, se refiere así a  Carme Forcadell y Muriel Casals– han dicho que no. Para ellas Mas debe convocar elecciones en un plazo máximo de tres meses, haya lista única o no, y tiene que anunciarlo antes del 9-N.

En este atolladero en el que se metió en el 2012 (tras perder 12 diputados) al ceder a la exigencia de Oriol Junqueras de celebrar un referéndum de independencia en el 2014, luego al pactar con ERC, ICV y las CUP la doble pregunta en diciembre del 2013 y finalmente al firmar una consulta que sabía que el Tribunal Constitucional iba a tumbar el pasado 27 de septiembre, Mas sólo tiene tres salidas. Y las tres son malas y muy difíciles. Pero creo que Mas todavía no ha elegido porque no todas dependen sólo de él y la situación es fluida.

Primera opción. Lista única

Mas es combativo y todavía no ha renunciado a las elecciones plebiscitarias con lista única (su plan B desde el primer día que prometió el referéndum) que cree que le garantizaría la victoria. Esta opción hoy tiene serios inconvenientes porque los diputados electos estarían sujetos a dos disciplinas distintas, la de CDC y la de ERC, sin que ninguna pudiera imponerse, ya que la lista sería paritaria. Ello generaría muchas dificultades a la hora de gobernar y de negociar con Madrid.

La agencia Moody’s decía ayer que la retirada de la consulta era positiva para la estabilidad –esa parece ser también la opinión de Rajoy– y que el triunfo de una lista única independentista permitiría que Cataluña arrancase de Madrid un mejor trato fiscal.

Alguien con credibilidad le ha debido indicar a Moody’s que ese puede ser el objetivo realista de CDC y éste es quizás uno de los motivos por los que Junqueras dice que no a la lista única. Teme que –refrendado Mas– las negociaciones con Madrid acaben –quizás por presión europea– en un pacto especial y no en la independencia. Por eso apuesta por proclamar la independencia en la primera reunión del nuevo parlamento y negociar luego con España sólo el trámite de separación.

Pero previamente a esto, el líder de ERC –y en el Consell Nacional de Esquerra del domingo no se alzó ni una sola voz en contra– no ve por qué tendría que sacrificar un posible triunfo electoral en Cataluña –el primero desde las elecciones de febrero del 36– a favor de otro partido que va detrás en las encuestas y que arrastra el descrédito del caso Pujol.

Por todo esto ERC se niega a la lista conjunta y esa es la razón por la que Mas teme que no pueda implementar su opción preferida y estudia otras alternativas.

Segunda opción. "El partit del president"

Si naufraga la primera opción, colaboradores muy directos de Mas (incluidos algunos consellers, pero no todos) y varios columnistas próximos apuestan por una gran operación política de transformismo (otro ejercicio de prestidigitación). Se trataría de montar una lista electoral de apoyo al president, con el referente de las del general De Gaulle en la Francia de los sesenta, en la que se integraran tanto CDC como los sectores de UCD discrepantes de Duran, y personalidades (y grupos) independientes con prestigio dentro del catalanismo. José Antonio Zarzalejos explicaba ayer en El Confidencial esta segunda opción que tiene un peso creciente por la firmeza de ERC al rechazar la primera.

El objetivo de esta lista “presidencial”, de país, que se presentaría como superadora de las ideologías tradicionales, sería competir con ERC para ganar y convertirse –si tiene éxito– en el núcleo de un nuevo partido que facilitara el entierro digno de CDC. Y tras las elecciones podría pactar a conveniencia, pero siempre con la meta de la independencia.

Una dificultad es que para investirse credibilidad independentista forzaría –como la primera– la ruptura de la tradicional coalición con los democristianos de Duran i Lleida. Otra es que, tras la neutralidad exhibida el pasado domingo por Muriel Casals y Carme Forcadell en la batalla entre ERC y CDC, parece difícil que cualquiera de las dos lideresas de los movimientos sociales independentistas de las clases medias que han convocado las grandes manifestaciones de los tres últimos 11 de septiembre se incorporara a la lista “presidencial” como icono del independentismo nuevo y generado al margen de los partidos tradicionales.

Y algunos estrategas de Mas se oponen. Argumentan el gran riesgo de que ERC ganara, Mas tuviera que abandonar y CDC se quedara a la intemperie y en una profunda crisis. También que la división electoral podría provocar una lucha entre las listas que hiciera perder votos (o diputados por la ley d´Hondt). La mayoría actual de la suma de CiU y ERC es de sólo 71 diputados (la mayoría absoluta es de 68) y una encuesta de La Razón del domingo (que daba a Podemos, sin organización y sin candidato, 12 diputados) dejaba la suma de CiU y ERC en 62, a seis de la absoluta.

Tercera opción. Continuar

Por estas razones algunos consellers y otros dirigentes de CDC (poco presentes en la cúpula actual del partido) instan a Artur Mas a la prudencia. ¿Por qué disolver con pocas garantías de ganar?, razonan. Ya nos equivocamos en el 2012 con la campaña de Moisés del pueblo catalán (alguno de los que la montaron impulsan ahora el “partit del President”), no nos volvamos a precipitar por exceso de confianza. Tengamos en cuenta que algunos no saben distinguir entre la propaganda y la realidad. Si toca perder, más vale hacerlo dentro de dos años. La España de finales del 2015 puede ser diferente, incluso Pablo Iglesias puede ser el inquilino de la Moncloa…

Y Artur Mas duda. Gobernar con 50 diputados (sobre 135) plantea muchos problemas. Uno, ¿con qué discurso? ¿Olvidando todo lo dicho desde 2012? ¿Con qué Presupuesto? ¿O con Presupuestos prorrogados? Mas-Colell quizás pueda ser Premio Nobel de Economía pero esta cuadratura del círculo le supera. ¿Buscando un acomodo provisional con Mariano Rajoy, que parece satisfecho de la retirada de la consulta (alguien cree que aquí hay una discreta vía de negociación)? ¿Apoyándose parlamentariamente en el PSC, que apuesta por recuperar la estabilidad y negociar tras las elecciones del 2015 con la España de Pedro Sánchez o con la de un Rajoy sin mayoría absoluta?

Pero eso obliga a cambiar el discurso y puede ser visto por muchos independentistas (de los antiguos y los nuevos) como una traición.

Y además no disolver implica tener que aguantar una comisión de investigación sobre Jordi Pujol. Fatal. Mejor disolver. ¿Arriesgando no sólo perder las elecciones sino también la pervivencia de CDC?

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La apuesta de Unió

Es difícil decir por qué opción se inclinará Artur Mas si la primera –como parece cada día más probable– no prospera. Quizás todavía no lo ha decidido.

Pero es interesante el cálculo de Duran i Lleida, seguramente hoy el político catalán en ejercicio con más horas de vuelo, el que más ha pactado con CDC y el que mejor conoce Europa a través de las redes democristianas (lo que no es ningún certificado de infalibilidad, que ese dote sólo lo tenía el Papa, y cuando hablaba excatedra).

Parece que Duran reconoce que Artur Mas quiere la lista única con ERC, aunque eso implique romper el viejo pacto con Unió. Pero que también cree que esa lista no funcionará porque ERC no cederá. Y que Artur Mas se lo pensará mucho antes de disolver. Por eso Unió ha decidido aguantar. Los devaneos de Mas con ERC o las CUP le molestan pero no le llevarán a romper. En todo caso, que sea Mas el que abandone el domicilio conyugal, aunque confía en que al final se imponga el instinto de conservación y decida agotar la legislatura.

En la reunión de la federación de CiU del lunes pasado hubo relativa normalidad. Nadie quería romper la vajilla. Mas y Duran, los jefes, todavía no han tenido la conversación definitiva.

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