SELECCIÓN DE PRENSA NACIONAL

Público
¿Recuperación? Estamos entrando en la tercera recesión
Por Vicenç Navarro [publicado el 30-08-2014]

No hay duda de que cuando se escriba la historia de la Unión Europea, y de la Eurozona dentro de ella, se mostrará hasta qué punto una religión laica –el neoliberalismo- se puede reproducir a pesar de que toda la evidencia empírica acumulada que muestra, no solo que estaba equivocada, sino también el enorme perjuicio que dicha religión está causando a las clases populares de los países de la Unión. La religión laica se promueve con un espíritu apostólico a base de una fe impermeable a la evidencia científica que señala claramente su enorme falsedad. Hoy, esta fe, reproducida por la mayoría de los medios, está anunciando que España y la Eurozona se están recuperando, cuando, en realidad, estamos entrando en otra recesión. Veamos los datos.

Desde que, en el año 2007, empezó la Gran Recesión, que para muchos países ha sido peor que la Gran Depresión, ha habido en la Eurozona nada menos que dos recesiones, consecuencia de la aplicación de las políticas neoliberales. La primera ocurrió en el periodo 2008-2009. Fue seguida de una ligerísima recuperación (con un crecimiento económico de la Eurozona de solo un 0,5% del PIB) en el periodo 2009-2010, para caer de nuevo en otra recesión que duró 18 meses y que anuló el escasísimo crecimiento que había ocurrido en la etapa de crecimiento anterior. En el 2012 se inició otra timidísima recuperación con un crecimiento de solo 0,2% del PIB, recuperación que se está revertiendo de nuevo, iniciando ahora una tercera recesión (el PIB de la Eurozona ha caído un 0,2%), alcanzando tres recesiones en cinco años. ¡Todo un récord! En realidad, la economía de la Eurozona nunca se recuperó desde el bajón de 2007, cuando se inició la Gran Recesión. Las pequeñísimas recuperaciones eran, más que nada, pequeños saltitos desde el fondo del abismo.

Estamos ahora en el inicio de la tercera recesión

Lo que es importante subrayar es que esta tercera recesión, a diferencia de las otras dos anteriores, se inicia y está focalizada en los países centrales de la Eurozona, Alemania, Francia e Italia. Las otras dos anteriores se habían centrado en los países periféricos, Grecia, Portugal, España e Irlanda. En cierta manera, esta tercera recesión es la culminación de la Gran Recesión, que, finalmente, ha alcanzado también de lleno al centro y eje de la Eurozona. El PIB de los tres países centrales suma 8,8 trillones de euros, que es el tamaño de la economía de China. Y, puesto que la economía de Alemania (que representa un tercio del PIB de la Eurozona) se basa mucho en las exportaciones, que representan un 56% de su economía, este bajón de la economía del centro de la Eurozona augura un bajón de la economía mundial.

Los hechos políticos que están ocurriendo en el continente europeo, de los cuales el conflicto de Ucrania es de gran importancia, han contribuido, aunque no causado, a esta tercera recesión. El golpe de estado ocurrido en Ucrania, con el apoyo de los gobiernos de la Unión Europea y de EEUU, inició una situación de conflicto, reavivando la Guerra Fría, que está ya teniendo un coste económico considerable (ver mis artículos sobre Ucrania: “Lo que continúa ocultándose en la cobertura mediática de Ucrania”, “Cómo el establishment estadounidense quiere presentar mediáticamente lo que ocurre en Ucrania”, “El silenciado movimiento de tropas estadounidenses cerca de Ucrania”, “Las falsedades de los mayores medios españoles en su cobertura de Ucrania”, “Lo que no se está diciendo sobre Ucrania. Parte II”, “¿Qué está pasando en Ucrania? Su relevancia para la Eurozona”  y “Lo que no se está diciendo sobre Ucrania”). Pero la causa principal de la tercera recesión son las políticas neoliberales basadas en la austeridad (los infames recortes y el desmantelamiento del estado del bienestar, la bajada de salarios y el crecimiento del desempleo), que están destrozando el bienestar de las clases populares.

Y estas políticas se están llevando a cabo para beneficio y gloria de lo que se llamaba antes el capital, hegemonizado por el capital financiero, que ahora se llama el 1%. Hoy, el establishment (es decir la estructura de poder económico, financiero, mediático y político) europeo, centrado en la Comisión Europea, el Banco Central Europeo, el Consejo Europeo y el gobierno alemán y sus aliados, como el gobierno Rajoy, está llevando a cabo estas políticas con toda crudeza, respondiendo a cada crisis con la predecible respuesta de que el hecho de que no se salga de la crisis es porque se necesitan aplicar incluso con mayor fuerza y contundencia, llevando a la ruina a las clases populares. Tres recesiones en cinco años es el resultado.

Y el gran drama es que las izquierdas gobernantes han aceptado y continúan aceptando el dogma neoliberal. Su versión es la versión light de las mismas políticas. No hay más que ver las propuestas económicas de los principales partidos socialdemócratas en la oposición, incluyendo el PSOE (cuyo nuevo secretario general enfatizó en su entrevista en El País como su punto central de su programa económico mejorar la competitividad europea y española), para darse cuenta de que no hay un cambio sustancial de estas políticas, bajo el argumento de que las que promueven son las únicas posibles, acusando de utópicas, demagógicas y toda una serie de epítetos descalificativos a las únicas alternativas que permitirían romper con esta serie de recesiones. La experiencia histórica muestra que para salir de esta recesión crónica (que repito, alcanza dimensiones de depresión en muchos países) es necesario un cambio casi de 180º de la política que se está aplicando.

Hay alternativas

Si, por ejemplo, nos centramos en uno de los mayores problemas –el endeudamiento de las familias y de las grandes y pequeñas empresas-, la solución es fácil de ver. Los estados tienen que garantizar el crédito, tomando toda una serie de medidas, desde cambiar la gobernanza del euro y del BCE, estableciendo el crecimiento económico como objetivo de este Banco, hasta aumentar la capacidad adquisitiva de las clases populares con un aumento muy notable y masivo del gasto público, incluyendo gasto en las infraestructuras no solo físicas sino sociales del país, facilitando el alcance de la felicidad (sí, ha leído bien, felicidad) como objetivo del nuevo modelo económico-social y no la acumulación de beneficios del capital. Y todo ello, no ocurrirá sin una profunda democratización de las instituciones que reflejen la voluntad y soberanía popular. Hoy, la demanda más revolucionaria existente en Europa no es la nacionalización de los medios de producción sino la exigencia de que cada ciudadano tenga la misma capacidad de decisión en un país, enfatizando las formas de participación directa (el derecho a decidir a todos los niveles), además de democratizar las escasamente democráticas instituciones representativas. Exigir democracia con toda contundencia y agitación (que debe excluir cualquier forma de violencia) es revolucionario, pues entra en conflicto directo con las estructuras que controlan las instituciones que se autodefinen como democráticas. Ni que decir tiene que la propiedad de los medios de producción, distribución, persuasión y legitimación es clave para definir el grado de libertad, democracia y justicia existente en un país. Pero, a no ser que los sistemas escasamente democráticos cambien, no habrá manera de que todo lo demás cambie.

El gran error de muchas izquierdas radicales ha sido limitarse a la agitación sin intervenir en la lucha dentro del estado. De ahí que estas izquierdas deban estar en la calle y en las instituciones, exigiendo cambios radicales (es decir, que van a las raíces del problema de concentración del poder) a los que las estructuras y castas de poder se opondrán por todos los medios. Las clases populares podrán alcanzar lo que desean si se movilizan. El problema principal existente en España no es que la población no sea consciente de las enormes limitaciones de la democracia española, sino que no cree que pueda cambiarse. Pero la historia muestra que sí se puede. En contra de lo que las estructuras de poder han informado, el cambio de dictadura a democracia pasó como consecuencia de la enorme movilización popular, liderada por el movimiento obrero. Fue esta movilización la que terminó con la dictadura. Y estas movilizaciones pueden también forzar el cambio ahora, democratizando auténticamente el país.

La Razón
Los Reyes inauguran la próxima semana el Foro España-EEUU
Por LR [publicado el 30-08-2014]

Los Reyes presidirán la próxima semana en Málaga la inauguración del XIX Foro Estaña-Estados Unidos, donde se abordarán asuntos como las negociaciones sobre el acuerdo de libre comercio entre el país norteamericano y la Unión Europea y los nuevos desafíos para la seguridad internacional, además de celebrarse distintas reuniones bilaterales. Durante la cena de inauguración, que tendrá lugar el 5 de septiembre en el Museo del Automóvil de Málaga, intervendrán el Rey Felipe VI, el presidente de la Fundación Consejo España-Estados Unidos, Juan María Nin, y el presidente del United States-Spain Council, el senador Tim Kaine.

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En el Foro, que se desarrolla hasta el 7 de septiembre en Marbella, en el Hotel Don Carlos, participan los miembros de las dos fundaciones y líderes del sector público y privado de ambos países para abordar diferentes temas de interés común.

Entre los temas abordados en las sesiones de estos foros destacan los relativos a la promoción empresarial y financiera, los análisis de determinados sectores económicos (infraestructuras, transporte, tecnología, finanzas o energía, entre otros), las relaciones de triangulación entre España, Estados Unidos y Latinoamérica, la dimensión económica y cultural del idioma español o la situación de las comunidades hispanas.

En el programa de esta edición figuran, concretamente, los retos globales del sector energético y su impacto en Estados Unidos y España, los nuevos desafíos de seguridad internacional y las "nuevas oportunidades" que ofrece al comercio bilateral el acuerdo de libre comercio entre Estados Unidos y la UE. Además, los participantes mantendrán reuniones bilaterales breves y se llevarán a cabo diversos actos sociales.

La Fundación Consejo España-Estados Unidos es una entidad sin ánimo de lucro en la que participan grandes empresas, instituciones culturales y académicas, miembros de la administración y representantes de partidos políticos.

Fue creada en 1997 con el propósito de fomentar los vínculos en los ámbitos económico, financiero, cultural, educativo, político y profesional entre la sociedad y las instituciones españolas y estadounidenses con el fin de conseguir un mejor entendimiento mutuo y generar proyectos provechosos.

Su actividad principal consiste en la organización del Foro anual, que se celebra alternativamente en España y en Estados Unidos. Asimismo, organiza programas de visitas para jóvenes líderes norteamericanos y programas de prácticas para recién graduados de Estados Unidos, así como encuentros, conferencias, seminarios y exposiciones para difundir el legado histórico y cultural español en ese país.

La República
El problema de la Eurozona
Por Juan Francisco Martín Seco [publicado el 30-08-2014]

La Eurozona vuelve de nuevo al estancamiento. La recesión de Italia, el escaso crecimiento de Alemania y la parálisis de Francia, la han precipitado a la zona cero. En realidad, hace mucho que no sale de ella. Desde 2008 ha sufrido dos recesiones y son contados los trimestres en los que su crecimiento ha sido positivo. De poco vale el triunfalismo de instituciones y políticos, tales como los del Gobierno español, anunciando a bombo y platillo una recuperación que aún está muy lejos, o trucando las estadísticas de paro mediante puestos de trabajo a tiempo parcial o la de figuras como la de los autónomos inscritos en la SS con tarifa plana, que en gran medida es paro encubierto. La realidad se termina imponiendo, y en España la realidad se llama balanza de pagos. Hace aproximadamente un mes que lo anunciaba desde estas páginas bajo el título ‘La levedad de la recuperación’.

Conviene recordar que esta crisis comenzó en EEUU con las hipotecas subprime y que, sin embargo, el país americano hace ya bastante tiempo que salió de ella o al menos lleva una temporada larga con tasas positivas de crecimiento y generando empleo, mientras la Eurozona se encuentra estancada y sin que se vislumbre la escapatoria. ¿No es hora ya de que los economistas, los gobiernos y las instituciones europeas se pregunten seriamente cuál es la verdadera causa de esta parálisis? ¿Acaso no ha llegado el momento de que dejemos de marear la perdiz con explicaciones banas y de poner de una vez los puntos sobre las íes? La razón de que la Eurozona -y con ella, no nos engañemos, España- no termine de salir de la crisis no puede ser otra distinta que la que nos abocó a ella: la Unión Monetaria (UM).

Hay analistas económicos que ven el problema, pero se niegan a aceptar la conclusión, les da vértigo reconocer que el cáncer se encuentra en el euro. De ahí que se esfuercen en señalar como causa la diferente política practicada por el Gobierno norteamericano con respecto a la que se ha seguido en la Eurozona. Tienen razón, pero deberían ir más allá y preguntarse el porqué. Obama recapitalizó el sistema bancario, reestructuró parte de la deuda privada, instrumentó un ambicioso plan de expansión fiscal e hizo que la Reserva Federal lo monetizase, evitó la deflación y consiguió la depreciación del dólar, con lo que se reactivó el crecimiento. Pero EEUU es una nación y la Eurozona no, ya que se trata más bien de un haz de países heterogéneos sin vinculación fiscal y presupuestaria y con intereses muy diferentes. Unos son deudores, otros acreedores. Es impensable, por tanto, que la UM practique la misma política que EEUU, eso sin contar con que carece de los mecanismos de ajuste interregional que cualquier Estado y, por tanto, también EEUU, tiene.

Se da por hecho que detrás de la crisis española se encuentra el excesivo endeudamiento de la empresas y de las familias, la avaricia, incompetencia y frivolidad de los bancos españoles, que concedieron créditos de manera imprudente y de los bancos extranjeros, sobre todo alemanes y franceses, que prestaron a los españoles para formar la burbuja inmobiliaria, y la negligencia de los gobiernos y del Banco de España que permitieron con total pasividad, cuando no con triunfalismo, que tales situaciones se produjeran. Todo ello es cierto, pero no es menos cierto que nada de esto habría podido ocurrir sin pertenecer a la moneda única. Ante la existencia del riesgo de tipo de cambio, los bancos extranjeros no hubiesen prestado a los españoles esas enormes cantidades, y en todo caso los mercados habrían atacado a la peseta, y forzado la devaluación, como ya ocurrió a principios de los noventa, mucho antes de que el déficit de la balanza por cuenta corriente llegase al 10%.

Nadie culpa a Merkel de la crisis económica, pero sí de que su política está haciendo imposible la salida. Su gestión, se dice, ha sido nefasta desde 2009 y es la principal responsable de la segunda recesión que han sufrido España y Europa en 2012, así como del estancamiento actual. Merkel, en su papel de defensora de los acreedores y ahorradores alemanes, ha forzado que todo el ajuste se haga en los países deudores con cargo a los contribuyentes. El resultado ha sido desastroso para los países del Sur, que tienen ahora un porcentaje de deuda pública y privada sobre el PIB mayor que en 2007. La canciller alemana ha vetado cualquier política fiscal expansiva y ha impuesto a los deudores medidas brutales encaminadas a garantizar el cobro a los acreedores. Así mismo, ha impedido que el Banco Central Europeo realice una política más agresiva, con lo que ha evitado la depreciación del euro.

Todo esto es verdad, nadie puede negar la responsabilidad del Gobierno alemán obstaculizando la salida de la crisis, pero tampoco se puede negar la culpabilidad del resto de los gobiernos europeos, especialmente de los del Sur, al firmar el Tratado de Maastricht y dar su aquiescencia a una unión contra natura que iba a introducir a las economías de sus países en una trampa de difícil solución. Fueron incapaces de requerir entonces -habría sido el momento- contrapartidas presupuestarias y fiscales (exceptuando los fondos de cohesión, totalmente insuficientes), que compensasen los desequilibrios que antes o después se presentarían. Y ni siquiera tuvieron la precaución de exigir que en caso de ajuste su coste no corriese únicamente a cargo de los países deudores, sino también de los acreedores, máxime cuando ya habían sido testigos de los problemas ocasionados en el Sistema Monetario Europeo y de cómo la obligación del ajuste recayó en exclusiva sobre los países deficitarios en la balanza por cuenta corriente. Tampoco se opusieron a que el BCE naciese con un estatuto que lo configuraba como un engendro y que dejaba a los gobiernos nacionales en completa indefensión frente a los mercados. Ahora no vale quejarse de lo perversa que es la canciller alemana. Si actúa así es porque no hay nada en los Tratados que la obligue a comportarse de manera distinta.

El problema de la Eurozona se encuentra, sí, en la política impuesta por Merkel, en el comportamiento del BCE y en la pasividad e indolencia de los mandatarios del resto de los países, más preocupados por situar en los puestos clave de las instituciones europeas a sus paniaguados que de la política que se va a seguir; pero sobre todo radica en la contradicción intrínseca en el proyecto de Unión Monetaria. En realidad, al no haberse acompasado con una integración fiscal, presupuestaria y política, no hay un solo euro sino diecisiete distintos, uno por cada país, y cada uno de ellos debería tener un tipo de cambio diferente de acuerdo con sus circunstancias económicas.

Desde luego, el BCE ha sido un ejemplo de sectarismo y de incompetencia en sus actuaciones, pero me temo que, aun cuando hubiese sido dechado de sabiduría y buen hacer, su misión no hubiese resultado sencilla, y desde luego no lo va a ser en el futuro con diecisiete países que precisan de diecisiete políticas distintas y de otros tantos tipos de cambio diferentes.

Algunos comentaristas insisten en que la devaluación no es la panacea y en que el tipo de cambio no arregla todo. Sin duda, pero desde luego no parece que haya solución posible mientras el tipo de cambio real no coincida con el nominal. La forma lógica de hacerlos converger es depreciando o apreciando la moneda. Hay quien pretende conseguirlo moviendo los cientos de miles de costes y de precios internos, incluyendo los salarios y el tipo de interés, lo cual es bastante difícil, por no decir imposible. ¿Qué pensaríamos de aquellos que estando en una casa instalados en una habitación distinta de la que deberían ocupar, en lugar de trasladarse ellos a la correcta pretendieran que fuese la casa toda la que se moviera?

La Vanguardia
Putin recuerda a sus "socios" que Rusia es una potencia nuclear
Por Lago Seliger/Kíev. (Reuters) [publicado el 30-08-2014]

La comparecencia pública de Putin de este viernes y su declaración sobre el conflicto con Ucrania parecen ser un reconocimiento de que la guerra ha llegado a un punto de inflexión, que posiblemente requiera un mayor sacrificio de Rusia. Putin contestaba preguntas de los jóvenes seguidores, algunos de los cuales ondeaban carteles con su rostro, en un campamento a la orilla de un lago. Vestido con un jersey gris y unos vaqueros, parecía relajado, pero su tono ganaba en intensidad cuando hablaba del poderío militar de Rusia, recordando a la multitud que Rusia era una fuerte potencia nuclear. "Los socios de Rusia... deberían entender que es mejor no jugar con nosotros", dijo Putin.

Putin comparó el asalto de Kiev a las ciudades rebeldes de Donetsk y Luhansk al asedio nazi de 900 días de Leningrado, donde murió un millón de personas, quizá la analogía histórica más potente para invocar a los rusos. Añadió que la única solución era que Kiev negocie directamente con lo rebeldes. Kiev ha rechazado hacerlo hasta ahora, aduciendo que los rebeldes no son una fuerza legítima sino satélites de Moscú, que es la que debe controlarlos.

Nueva Tribuna
¿Arde París?
Por Josep Borrell [publicado el 30-08-2014]

El debate económico y la crisis de Gobierno de Francia son de gran importancia para toda Europa

La crisis del Gobierno socialista francés coincide con el aniversario de la liberación de París (25 de agosto de 1944). Hace 70 años los aliados temían que la ciudad sufriese la misma trágica suerte que Varsovia (¿Arde París?, título de una famosa película). Afortunadamente, ni la sublevación de los combatientes del interior ni la capacidad destructiva de los alemanes en retirada tuvieron la misma fuerza y París quedó intacto. Pero el socialismo francés no saldrá indemne de esta crisis, que tendrá graves consecuencias sobre la crisis del euro y la construcción europea.

Arnaud Montebourg, el ya exministro de Economía que, con sus críticas a la política de François Hollande y Manuel Valls, ha provocado la formación de un nuevo Gobierno, se califica también de «combatiente del interior» por haber querido cambiar desde dentro del Gobierno francés una política dictada por Alemania que arrastra a Europa hacia una espiral deflacionaria. Los datos económicos conocidos este mes de agosto -crecimiento cero en la eurozona, con caída en Alemania, Italia de nuevo en recesión, Francia estancada y una inflación próxima a cero- han sido la gota que desborda el vaso del rechazo a esas políticas de austeridad fiscal y de restricción monetaria que desde hace tiempo han sido criticadas por organismos como el FMI o la OCDE, nada sospechosos de ser portavoces de la izquierda.

Así, el Gobierno que formó Valls, fuertemente apoyado en la pareja Montebourg-Hamon (este, ministro de Educación) tras el desastre de las elecciones municipales, y que debía ser un «Gobierno de combate destinado a durar unido», no habrá aguantado ni cinco meses. Todo un récord en Francia. También es la primera vez que discrepancias individuales de ministros dan lugar al cambio de todo un Gobierno. Son indicadores de la gravedad del momento y de la ruptura del frágil consenso entre las alas derecha e izquierda del socialismo francés. Está por ver con qué mayoría parlamentaria cuenta Valls cuando haya que votar la confianza del nuevo Gobierno. Hollande debe confiar en que los socialistas no se disparen un tiro al pie, porque negársela equivaldría a disolver el Parlamento e ir a unas elecciones que serían una debacle para ellos.

Es difícil no estar de acuerdo con Montebourg cuando advierte de que la reducción acelerada y simultánea de los déficits públicos agrava el paro, imposibilita recuperar los equilibrios públicos y no reduce la ratio de endeudamiento porque reduce el crecimiento. Y de que se está creando el caldo de cultivo de extremismos y populismos que acabarán destruyendo la idea de Europa. Su demanda de soluciones alternativas a las que impone la derecha alemana que apoya a Merkel es también pertinente. Pasan por un mejor equilibrio entre la reducción de los déficits y el apoyo a las empresas para ganar competitividad y a las familias consumidoras para mantener la demanda y el crecimiento. Y por una política monetaria que combine mejor el control de la inflación y el apoyo al crecimiento y el empleo. Cuando Mario Draghi reprocha a Matteo Renzi que no vaya más deprisa en sus reformas, el primer ministro italiano tiene razón al replicarle que si hiciese bien su papel de banquero central y mantuviese la inflación cerca del 2%, o si, como todos los bancos centrales del mundo, interviniera en los mercados de activos públicos y privados, haría más fácil la solución a la crisis.

El debate sobre la política económica francesa se ha presentado de forma caricaturesca como entre un socialismo de la oferta basado en ganar competitividad y el más clásico socialismo de demanda. Pero la oferta y la demanda no son categorías políticas, sino conceptos económicos cuya adecuada combinación no es un problema ideológico sino de eficacia económica. Y, como defendía el economista y diputado socialista francés Pierre-Alain Muet mucho antes de la espantada de Montebourg, no se sale de una recesión (cuya gravedad se ha subestimado en Europa) con una política solo de oferta. Hollande no puede reconocer que son las políticas de austeridad las que han hundido a Europa en la recesión y a la vez basar su política nacional únicamente en medidas de aumento de la oferta. ¿Es razonable acordar 40.000 millones de euros para reducciones fiscales a las empresas, en un contexto de reducción del déficit, sin evaluar adecuadamente la eficacia relativa sobre el empleo de esos apoyos fiscales y de los 50.000 millones de reducción de gasto necesarios para financiarlos? Muet recordaba que el coste de las políticas de oferta decididas por Valls duplica los 20.000 millones de las 60 propuestas del programa electoral de Hollande. Por encima de las peculiaridades de cada país, el debate y la crisis en Francia son de enorme importancia para toda Europa, porque a todos nos afectan y porque el problema solo tiene una solución europea.

El País
CiU y los socialistas tienden puentes ante el previsible fracaso del 9-N
Por Pere Ríos / Carlos E. Cué [publicado el 30-08-2014]

Ante el previsible escenario de que la consulta soberanista que Artur Mas convocará para el 9 de noviembre no pueda llegar a celebrarse, CiU y los socialistas están tendiendo puentes para facilitar una salida al muy complicado escenario político que se vivirá en Cataluña a partir de esa fecha, según admiten fuentes de ambas partes.

El próximo lunes comienza un intenso mes en el que tiene que ocurrir casi todo y será en esos días cuando nacionalistas y socialistas visualizarán su acercamiento en tres citas. El miércoles día 3, el presidente catalán recibirá en el Palau de la Generalitat al líder del PSOE, Pedro Sánchez, quien le ofrecerá su propuesta de reforma federal como la mejor manera de resolver el encaje de Cataluña en España e intentará disuadirle de que convoque la consulta.

Esa misma semana, el primer secretario del PSC, Miquel Iceta, se reunirá con el líder de Unió, Josep Antoni Duran Lleida, y el mismo miércoles por la tarde los socialistas catalanes acudirán a una cumbre convocada por la Vicepresidencia de la Generalitat en la que la consejera Joana Ortega detallará a los partidos del bloque soberanista todo el operativo técnico previsto en el caso de que la consulta se celebrase.

Las tres citas tendrán lugar a pocos días de una Diada que se prevé como una nueva demostración de movilización del independentismo y antes de que Mas complete su hoja de ruta secesionista: aprobación de la ley catalana de consultas por el Parlamento autónomo y convocatoria del referéndum, probablemente el 19 de septiembre.

A partir de ahí, Mas entiende que ya ha cumplido su compromiso político y por eso anuncia en privado que no podrá sacar las urnas a la calle. Esa negativa irrita a Esquerra Republicana, el socio parlamentario de CiU, que ya ha advertido de que si no hay consulta no volverá a pactar con la federación.

En ese escenario es en el que los socialistas pueden jugar un papel de muleta de Mas si este opta por seguir gobernando y no adelanta las elecciones. Iceta se ha ofrecido ya como socio si se renuncia a la consulta.

Los nacionalistas rechazan la propuesta de reforma federal del PSC y el PSOE al estimar que “esa pantalla ya se ha pasado”, pero valoran que hayan movido ficha y que los socialistas catalanes apoyen la ley de consultas, aunque opinen que no puede servir como amparo para el 9-N.

Mas e Iceta mantienen una relación fluida. Prueba de ello fue el almuerzo que mantuvieron el pasado 21 de julio en la Generalitat, cuando apenas habían pasado 48 horas del congreso que encumbró al segundo como líder del socialismo catalán. En cuanto a su reunion con Duran, Iceta lo inscribe en la ronda de contactos que está manteniendo con diversos líderes políticos, pero Unió y el PSC no son partidos independentistas y coinciden en no sacar las urnas a la calle si el Tribunal Constitucional suspende el referéndum. Ese encuentro será discreto, sin cámaras ni declaraciones, como lo fue el de Mas.

Sobre la presencia de los socialistas catalanes en la reunión convocada por Ortega con los partidos soberanistas, Iceta argumenta que “nosotros siempre vamos a los lugares a los que nos invitan”. En este caso será para exponer el no del PSC a la consulta en los términos que se va a producir.

Mientras, el Gobierno aseguró ayer de forma tajante, a través de la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, que no es importante si Mas convoca el referéndum antes o después de que sea recurrida la ley de consultas. Si lo hace antes, explicó, se harán dos recursos, uno contra la ley y otro contra la propia decisión.

“Si hay suspensión de la ley de consultas el segundo acto -la convocatoria- no se puede realizar. Si no es así, los dos actos se recurrirán paralelamente, pero son cuestiones técnicas”, explicó Sáenz de Santamaría, para destacar lo importante: el Gobierno recurrirá con petición de suspensión, y “en cuanto el Tribunal Constitucional la admita, automáticamente quedarán suspendidos los dos”.

La Generalitat da por hecho el recurso del Gobierno de Rajoy y no dará facilidades para que el Gobierno impida siquiera la convocatoria oficial de la consulta por parte de Artur Mas. Por eso, el mismo día que el Parlamento catalán apruebe la ley, con el único voto en contra de PP y Ciutadans, se publicará el texto en una edición digital de la tarde del Diari Oficial de la Generalitat junto al decreto de convocatoria de la consulta.

Capital Madrid
Hollande inquieto con la alianza entre Merkel y Rajoy
Por José Hervás [publicado el 30-08-2014]

El presidente francés, François Hollande, trata de convencer a la canciller alemana, Angela Merkel, de la necesidad de postergar las políticas de rigor y control del déficit para dar prioridad a las de estímulo con las que relanzar la demanda europea. Si Angela Merkel cuenta con el apoyo explícito del presidente del Gobierno español desde el acuerdo alcanzado el lunes en Santiago de Compostela, Hollande tratará de conseguir por su parte el sostén de sus socios, los socialistas europeos.

Pese a que se ha pro­du­cido un cambio de tono en el Gobierno francés en su trato con Alemania tras la des­ti­tu­ción del mi­nistro de Economía, Arnaud de Montebourg, las di­fe­ren­cias entre París y Berlín se man­tie­nen.

Hollande llegó al poder con la pro­mesa de pro­mover en Europa un pacto por el cre­ci­miento, pero no solo no lo ha con­se­guido hasta el día de hoy, sino que ve como au­mentan las ame­nazas de­fla­cio­nistas en Europa, y muy en es­pe­cial en España.

Entre los ana­listas an­glo­sa­jones se apunta pre­ci­sa­mente como razón prin­cipal de los bajos costes de las emi­siones de deuda de los países de la zona euro que los mer­cados están des­con­tando que, a medio y largo plazo, a 5 y 10 años, la eu­ro­zona su­frirá el ‘mal de Japón’; es decir bajos tipos acom­pa­ñados de cre­ci­miento nulo.

Así, los di­fe­ren­ciales de la prima de riesgo a favor de los países del euro frente a las emi­siones de Estados Unidos lo que re­flejan no es una con­fianza en las nuevas me­didas de es­tí­mulo del Banco Central Europeo y en la pos­te­rior re­cu­pe­ra­ción eco­nó­mica de la zona, sino las dudas de que la de­fla­ción se ins­tale por mucho tiempo en Europa. De ahí las dudas que han em­pe­zado a mos­trar los mer­cados este mismo jueves con el fu­turo de la eco­nomía eu­ro­pea.

Para re­solver el di­lema, el pre­si­dente francés ha anun­ciado en su dis­curso anual de po­lí­tica ex­te­rior ante los em­ba­ja­dores fran­ceses reunidos en París que va a con­vocar una cumbre ex­tra­or­di­naria de los lí­deres de la eu­ro­zona para re­lanzar su eco­nomía e "ir más allá" en la crea­ción de un plan de cre­ci­miento que el anun­ciado por el nuevo pre­si­dente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, en el que com­pro­metió 300.000 mi­llones de euros para pro­yectos de in­ver­sión.

En res­puesta al dis­curso del 20 de agosto de Angela Merkel en Lindau, en el que pidió es­ta­blecer san­ciones contra los países que no cum­plan sus com­pro­misos de con­trol del dé­fi­cit, Hollande pro­pone que la cumbre ex­tra­or­di­naria apruebe "la plena uti­li­za­ción de la fle­xi­bi­lidad para el ritmo del ajuste pre­su­pues­tario que manda en la eu­ro­zona, mien­tras los países se es­fuerzan en re­ducir su dé­fi­cit”.

El pre­si­dente galo, que ha re­cha­zado el en­fren­ta­miento abierto con Alemania que de­fendía su ex mi­nistro de Economía, exige en cambio mayor li­bertad de ac­ción para con­se­guir el cum­pli­miento de su ob­je­tivo de al­canzar el equi­li­brio pre­su­pues­ta­rio, pese a las re­ti­cen­cias de Bruselas y Berlín.

Hollande ad­mite la ne­ce­sidad de aplicar las re­formas es­truc­tu­rales de las que ha­blan Bruselas, Berlín e in­cluso el Banco Central Europeo, pero tam­bién quiere que se aplique la se­gunda parte de las pro­puestas de Draghi, aque­llas que ha­blan de mo­vi­lizar Europa con po­lí­ticas fis­cales y no solo con las anun­ciadas nuevas me­didas de po­lí­tica mo­ne­taria que de­penden del Banco Central Europeo.

Queda muy poco tiempo hasta la ce­le­bra­ción de la cumbre eu­ropea de ma­ñana sá­bado en Bruselas como para que se pueda pro­ducir algún acuerdo que cambie la ac­tual po­lí­tica de aus­te­ri­dad. La cumbre tiene como ob­je­tivo prin­cipal de­cidir los nom­bres de las per­sonas que han de ocupar los altos cargos to­davía pen­dientes de nom­brar en las ins­ti­tu­ciones co­mu­ni­ta­rias.

Pero los riesgos de de­fla­ción y la ne­ce­sidad de re­cu­perar la ini­cia­tiva del pre­si­dente francés de cara a su elec­to­rado han reabierto un de­bate sobre el fu­turo de Europa que coge a España cla­ra­mente de por me­dio.

Voz Pópuli
Francia: alfombra roja para el FN
Por Manuel Muela [publicado el 30-08-2014]

Este final de agosto nos ha traído el estallido del Gobierno Valls en Francia, que es consecuencia directa del fracaso de Hollande y del PS francés para hacer frente a los problemas derivados de la globalización y de las políticas europeas de los últimos años. En las pasadas elecciones de mayo todo se conjuró para convertir al Frente Nacional en el primer partido de Francia y, no obstante ello, el presidente de la República continuó impertérrito con su política que puede transformarse en el torpedo definitivo para conducir al socialismo francés al archivo en el que ya están el griego y el español, con la singularidad de que en el país galo la alternativa va fraguando en torno al partido de Marine Le Pen, cuyas propuestas económicas y sociales van mucho más allá del marco establecido en el seno de la Unión Europea.

Son de clara ruptura y el tiempo dirá si ello es bueno para Francia y para el continente europeo. De momento, las evidencias indican que la crisis europea y francesa seguirá dando quebraderos de cabeza a los adalides de los dogmas financieros y de la globalización sin barreras que se creen inmunes al descontento creciente en los diferentes países del sur, de los que Francia se convertirá en el mascarón de proa.

Políticas fracasadas ayer para los problemas de hoy

Se dice que los problemas que traen a la UE a mal traer, sobre todo en su flanco sur, recuerdan a los de los años 30 del siglo pasado en los que unos dirigentes políticos se empecinaron en determinadas políticas que concluyeron en tragedia. Hoy, excepto en aquellos grupos y personas que forman parte de la nomenclatura política y financiera, abundan las críticas acerca del modo en que se está encarando la crisis de origen financiero, trufada de una malentendida globalización, que ha sembrado postración e inseguridad por doquier, sin que se pueda hablar seriamente de cambios en otra dirección. Y no me refiero a España, donde sólo cabe esperar cómo terminará el espectáculo de la Corte de los Milagros que enfila su final. Mi reflexión es sobre Francia, que, por su dimensión y su arraigada tradición democrática, ha pasado a convertirse en el exponente de los males y de las controversias que circulan por la Europa latina.

El presidente Hollande prometió cambios para obtener su elección hace dos años y, con la mayor soltura, ha abjurado de sus promesas y ha practicado lo contrario. A los españoles nos suenan esos comportamientos, ¿verdad?, aunque nuestra levedad democrática y partidaria nos impide ser tan exigentes como los franceses. Sin embargo, en Francia ya le están ajustando las cuentas al falsario, no sólo con el rechazo de la opinión pública sino en su propio partido, el PS, que ha sido el causante de la crisis ministerial. La ruptura del Gobierno francés y la decisión de mantener a Valls para que sea un émulo del canciller Brüning de la República de Weimar seguirá aumentando el descontento ciudadano y la guerra en el seno del Partido Socialista, con gran contento del Frente Nacional, que aspira a consolidarse como alternativa de gobierno en Francia. Una previsión verosímil si la derecha francesa no es capaz de asumir la necesidad de un discurso distinto al que se viene ejecutando en Europa, dando por descontado que Hollande y Valls caerán y que se llevarán por delante a su partido. Si lo dudan, que les pregunten a sus camaradas socialistas griegos y españoles, que andan penando por las esquinas sin saber cómo zafarse del corsé de Bruselas que, con tanto empeño, han contribuido a fabricar durante décadas.

Francia como cabecera de los dolientes del sur

En un ambiente tan revuelto y tan poco prometedor como el que se vive en la Europa comunitaria, la prospectiva es complicada, pero en el caso que nos ocupa es fácil pronosticar que nuestros vecinos galos se incorporarán de lleno al club de los dolientes del Sur y que buscarán su salida nacional. Por lo sucedido en las elecciones europeas, no parece la más deseable para quienes creemos en los valores democráticos, pero conviene no olvidar que éstos han sido vapuleados por los que desde los años 90 arriaron las banderas de la democracia y de la solidaridad y se han mostrado incapaces de sacarnos de la crisis económica y social a la que nos han conducido con sus grandes experimentos financieros y la desertización industrial en nombre de la globalización.

Me imagino que, ante la situación creada en Francia, Alemania y sus satélites intentarán socorrer a Hollande, aflojando un poco las riendas de los recortes y echando mano del BCE para engrasar los mercados financieros, aunque en Santiago de Compostela la canciller alemana y Rajoy hayan mantenido la idoneidad de lo que ambos definen como reformas que, en lenguaje llano, son más leña al mono, representado por las clases medias. Espero que no hablen en serio, porque el mono ya no aguanta más castigo y puede salir de la jaula organizando la zapatiesta padre. ¡Atentos a la pantalla!

El Confidencial
Descalabro o ‘cacicada’, el dilema de Rajoy
Por José Antonio Zarzalejos [publicado el 30-08-2014]

La modificación del artículo 196 de la Ley Orgánica 5/1985 de 19 de Junio de Régimen Electoral General para que los alcaldes sean elegidos directamente por los votantes y no por la mayoría absoluta de los concejales, tal como pretende el Gobierno y el PP, es una democrática arbitrariedad, o sea, una ‘cacicada’. Rajoy puede hacerlo, pero si modifica la ley en soledad, habrá roto, además de desdecirse personalmente, una de las pocas prácticas sanas que quedan en la democracia española: no alterar sin amplio consenso el llamado bloque de constitucionalidad. Zapatero lo hizo con el Estatuto catalán de 2006 -que no contó con el apoyo del PP- y ahí están las consecuencias.

El presidente del Gobierno, sin embargo, se encuentra ante un grave problema: sabe que las elecciones municipales y autonómicas de mayo del año que viene pueden suponer un descalabro para el PP, porque se compararán con el éxito tan extraordinario logrado por los populares el 22 de mayo de 2011. Amparado en la mayoría absoluta de que dispone, Rajoy pretende alterar las reglas del juego a sólo nueve meses de los comicios locales y autonómicos mediante un procedimiento democrático pero motivado por razones de interés partidario. No se trata, pues, de que la elección directa del alcalde sea ni inconstitucional ni antidemocrática. Lo cuestionable es la motivación de ese cambio normativo y el momento tardío -en relación con el fin de la legislatura municipal- para plantearlo y ejecutarlo, cuando pudo hacerlo, sin sospecha de partidismo, al principio de su mandato.

Probablemente, si el PP y el Gobierno no cambian el sistema de elección de alcaldes podrían perder ciudades en las que en 2011 obtuvieron cómodas mayorías absolutas. Y especialmente tres que son emblemáticas de su poder territorial. Concretamente, Madrid, donde obtuvo el 49,7% de los votos; Valencia, con el 52,5%, y Sevilla, con el 49,3%. Estos porcentajes de voto a las listas del PP son impensables en el próximo mayo. En esas y otras capitales perdería la mayoría absoluta y una previsible conjunción de izquierdas (PSOE, IU, Podemos y, eventualmente, UPyD) arrebatarían a los conservadores las alcaldías. Se produciría, por lo tanto, un auténtico descalabro que podría agudizarse si lo mismo ocurre en las Comunidades Autónomas de Madrid y Valencia.

Si en vez de ser elegido alcalde el que obtenga la mayoría absoluta de los concejales (artículo 196 de la LOREG), lo es el que logre, con una prima adicional de concejales, el 40% de los votos y un 5% más que la siguiente lista, el PP tiene más posibilidades de -incluso cayendo mucho en las urnas- mantener las principales alcaldías españolas. Al parecer esa es la fórmula barajada por el Gobierno que se complementaría con una segunda vuelta en caso de que ninguna lista obtenga ese porcentaje de sufragios. Aunque el Ejecutivo aún no ha descubierto por completo los criterios que regirían la modificación de la ley electoral. Pero hay un dato general muy indicativo: en 19 capitales el PP obtuvo en 2011 más del 50% de los votos; en 17, entre el 40% y el 50%, sólo en seis estuvo por debajo del 40 y no fue el partido más votado en diez capitales. Es decir: en la legislatura municipal y autonómica actual, barrió del mapa al PSOE.

Sin embargo, de aquel 22 de mayo de 2011 al día de hoy se han producido dos cambios sustanciales: el primero consiste en la fuerte y profunda decepción de un amplio sector de electores del PP a cuenta de la corrupción (casos Bárcenas y Correa) y en la ausencia de compromiso del Gobierno con su programa electoral; y el segundo, que reside en el fraccionamiento de la izquierda que se aunaría en coaliciones diferentes para arrebatar poder territorial al PP a sólo cinco meses de los comicios legislativos. Los populares apenas podrían contar con UPyD y con Ciudadanos -si los de Rivera logran una cierta cobertura territorial en las municipales más allá de Cataluña- para mantener alcaldías en su poder. De modo que sólo una modificación de la LOREG en el sistema de elección de alcaldes evitaría a los conservadores que las elecciones locales les resultasen poco menos que desastrosas.

Pero ni siquiera consumando esa reforma legislativa el PP podría confiarse lo más mínimo. El tiempo apremia y transcurre con velocidad sin que el Gobierno haya revitalizado su discurso político, que sigue obsesivamente centrado en la economía y en las reformas que repercuten sobre ella sin atender a otras realidades sociales e institucionales que requieren de renovaciones urgentes. Es cierto que la mejora económica ayudará al PP, lo mismo que una resolución sensata del envite soberanista en Cataluña. Pero el ámbito local-regional es muy sensible a las políticas de proximidad entre las que resultan de vital importancia las conductas de probidad y honradez de los ediles que en tantos sitios se echan en falta. Un problema que afecta también al PSOE (en Andalucía, por ejemplo), pero menos a los demás partidos.

Por lo demás, las principales ciudades vascas y catalanas -salvo algunas para el PSC- quedarán en manos nacionalistas con más comodidad de lo que ya están por el procedimiento de elección de alcaldes ahora vigente. Aunque probablemente, tanto ERC como Bildu se beneficien -un “daño colateral” se dice en el Gobierno- de una reforma que el PP y el Ejecutivo van a llevar adelante pro domo sua. Entre el descalabro posible y la ‘cacicada’ segura, Rajoy ha optado por la segunda optimizando una mayoría absoluta que, dado el previsible nuevo mapa de poder de los partidos en España, tardará muchos años en repetirse.

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